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Pequeño observatorio

Una manifestación en contra de la pena de muerte en el Tribunal Supremo estadounidense. 

BRENDAN SMIALOWSKI

De los hechos a la fantasía

Josep Maria Espinàs

La mayoría de agresiones animales son instintivas. La muerte por venganza y el castigo solo son humanos

La noticia es importante: la Iglesia rechaza la aplicación de la llamada pena capital. Parece mentira que haya tardado tantos años. El Papa considera que la pena capital es un ataque a la dignidad de la persona. No sé como se ha recibido la decisión del papa Francisco. Hasta ahora no es raro que en varios países o territorios la pena de muerte esté en vigor. Francamente, me sorprende esta libertad de criterios sobre un tema que afecta a unas decisiones tan importantes y trascendentes.

La declaración es rotunda. Muy clara: "La pena de muerte es inadmisible porque supone un ataque a la inviolable dignidad de la persona". Más exactamente de todas las personas.

Está aumentando el número de países que han suprimido la pena de muerte. Un alivio pero que te hace encoger el estómago por los que aún quedan. Según Amnistía Internacional, en el 2003 fueron ejecutadas 1.146 personas. Y en el 2013 ejecutaron a 788. La cifra hoy debería ser 0. Pero aún no lo es.

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Qué hecho tan terrible el de las ejecuciones de los seres humanos. La mayoría de seres vivientes respetan a su propia especie. Hay animales que son voraces y matan a seres vivos porque está previsto para que puedan sobrevivir. Y dicho con ironía, cada animal tiene su repertorio gastronómico. La mayoría de agresiones animales son instintivas.

El hecho es que muy raramente se habla del asalto de un lobo a otro lobo. Pero la muerte por venganza y el castigo solo son humanos. Sería extraordinario que en el mundo de los animales se dictara, como ocurre en el mundo de los humanos, sentencias de pena de muerte.

Y ahora que el Papa se propone suprimir la pena de muerte, qué conmoción supondría que el rey de los guisantes o la reina de las acelgas se alzaran en nombre de guerra y proclamaran su libertad. Pero la revolución agrícola es imposible. Sus pies están ligados a la tierra y no se pueden escapar. Y cuando hayan crecido lo suficiente morirán en una cazuela con todo el cuerpo cocido.