LA CLAVE

Patriotas y traidores

En los círculos empresariales y económicos de Madrid se suceden estos días discretas cenas con Santiago Abascal como invitado especial

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Santiago Abascal y Pablo Casado.

Santiago Abascal y Pablo Casado.

El poder económico siempre tiende a tener curiosidad por los extremos que se salen de la zona de confort de la moderación y del añorado bipartidismo. Ocurrió con Podemos tras el movimiento de los indignados del 15M. Los empresarios empezaron a organizar reuniones discretas, cenas y encuentros con Pablo Iglesias para conocer de primera mano sus ideas, verificar si efectivamente era una amenaza para la economía y preparar sus estrategias de cara a una posible victoria electoral de los morados.

Iglesias fue el fenómeno del momento en las jornadas del Cercle d'Economia de mayo del 2016 en las que abrumó al auditorio con un programa económico basado en revertir todas las medidas económicas del PP y del PSOE. Ada Colau también se presentó en sociedad ante los empresarios en ese mismo foro y dejó a más de uno boquiabierto con la afirmación de que su primer año como alcaldesa de BCN había sido “un máster” impagable. 

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El mismo efecto lo está generando ahora Vox. No tanto en Catalunya, donde las formaciones de derechas tienen una dimensión electoral residual, pero sí en el resto del Estado español donde se vive un cierto furor por conocer mejor a los líderes de este partido de ultraderecha que ya tiene representación en Andalucía. En los círculos empresariales y económicos de Madrid se suceden estos días discretas cenas con Santiago Abascal como invitado especial. Banqueros y directivos del Ibex35 quieren conocer de primera mano el alcance de esta fuerza electoral emergente.

La sensación general es que el partido ofrece soluciones sencillas a problemas complejos, pero elige eslóganes muy generales con los que muchos votantes de derechas podrían sentirse identificados. Por no mencionar la pasión que genera entre los amantes de la caza, entre los que no se distinguen los de derechas de los de izquierdas. El veto de Cs a pactar con el PSOE ha convertido las elecciones del 28A en una contienda de bloques, entre derechas e izquierdas, patriotas y traidores. Y Abascal se deja querer consciente de que su caladero de votos natural es el PP de Pablo Casado. Y sabedor de que en "patriotismo" no le gana nadie.