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Análisis

Concentración convocada por los colectivos de jubilados para reivindicar unas pensiones dignas.

Javier Zorrilla

Debemos quitar las pensiones de las manos de los políticos

Era previsible, y más ante unas elecciones. El actual formato del Pacto de Toledo no tiene recorrido, le rebatí recientemente al secretario de Estado, Octavio Granado, lo que no le gustó, durante la presentación de las contribuciones recogidas en un número monográfico que dirigí por encargo del Consejo General de Economistas de España.

El tema es demasiado goloso para que los políticos no pongan las manos, y el brazo! Sus señorías no han demostrado así estar a la altura del problema de las pensiones que España tiene ante sí. Respecto de cómo afrontarlo, aunque la causa sea justa (la demografía, por variantes que ponga la inmigración), sea quien sea quien mande, tiene que reorganizar nuestro sistema de protección social. Pero esto no se puede hacer fuera de un procedimiento plausible.

Pretender consensuar anticipadamente los resultados de las propuestas, es imposible, ya que da, de entrada, ganancias y pérdidas políticamente insoportables. Tan imposible como las propuestas de reforma electoral! El consenso debe centrarse precisamente en el procedimiento, en el velo de la ignorancia, sin poder anticipar exactamente las consecuencias de la aplicación de este procedimiento ante la realidad concreta que se acerque, ya sea ​​la productividad, la tasa de dependencia, el empleo, la esperanza de vida o las aspiraciones colectivas.

Por una causa justa, si hemos seguido el procedimiento debido, no debemos hacer entonces de los resultados una diatriba política. Sabemos qué hay que hacer pero nuestros representantes no saben saben cómo hacerlo: 'agencializan' la operativa. El acuerdo posible radica en qué y en cómo se abordará el problema. Determinamos el resultado como recomendación prudencial: se tiene que hacer o explicar por qué no se hace. Invertimos la carga de la prueba. En principio 'tienes que hacer'; de otro modo hay que explicar con qué consenso se cuenta de entre los mismos que han acordado el procedimiento para 'no hacer'.

Así, en Reino Unido y en otros países avanzados resuelven los problemas del catálogo sanitario, que comparte problemas similares: cómo hacer frente a lo que se le viene encima a la financiación pública. Para el 2020/40, así lo preparan hoy los belgas: Acuerdo con el sistema de puntos (carreras de cotización), con todas las ponderaciones 'ex ante' queridas: Operativa prefijada por los equilibrios dentro de una misma generación entre categorías laborales, retribuciones, diferencias sociales en esperanza de vida, compensando curas familiares, paro involuntario, discapacitados y mucha flexibilidad y más responsabilidad individual. Y re-equilibrios entre generaciones, las que entran ahora en el mercado laboral y las que salen, con diferentes contribuciones pero también esperanzas de vida.

Siempre con reglas transparentes sobre aseguramiento, grado de riesgo compartido y nivel de solidaridad aceptada. No es un problema de falta de diagnóstico. Lo es ciertamente en la prognosis, sobre el grado contributivo o asistencial que se quiera dar a la protección social. Pero esta es una cuestión resoluble. El problema está en la ejecución de los acuerdos, atrapada hoy por el partidismo cortoplacista. Que lo haga la AIREF o que se cree una agencia para el desarrollo sostenible del bienestar social. Pero por favor, quitemos este juguete tan peligroso, de una vez, de las manos de los políticos. Hagámoslo por nuestros descendientes.