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Dos miradas

La exposición de Plensa en el Macba se extiende a una zona al aire libre compartida con el CCCB con autorretratos en bronce del artista abrazado a los árboles. 

RICARD CUGAT

'Joie' y Plensa

Josep Maria Fonalleras

El niño ha hecho sonar el gong de la sala y, sin saberlo, ha pasado a formar parte de la exposición

En la antológica de Plensa, en el Macba, un sábado por la mañana, una pareja con dos niños pequeños, pasea por el patio donde están aquellos hombres de bronce, tapizados de nombres de músicos y abrazados al corazón de los árboles. Los niños juegan en medio del césped artificial y se suben a los hombros de los hombres estáticos que se funden con la naturaleza hasta el punto de no saber si meditan en torno al árbol o si es el árbol quien los ha engendrado para la meditación. Otro niño corre con desespero de atleta y aprovecha los pequeños montículos para coger impulso y deslumbrar a su tía, que le acompaña, con un ejercicio veloz de deslumbramiento. Ese mismo niño, antes, ha hecho sonar el gong de la sala y ha percibido la vibración y, sin saberlo, como los otros niños y como dice Plensa, ha pasado a formar parte de la exposición, porque "la escultura tiene la capacidad de crear un lugar y este es un lugar donde cabemos tú y yo".

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Un señor se acerca y les recrimina el desenfreno. Parte de la base, me parece, de que la obra de arte se debe contemplar con la reverencia de los eruditos y no entiende el juego ingenuo y feliz. Este señor se va, molesto, y los niños continúan con su fiesta particular. "Introducir la belleza en el día a día de la gente aunque no te lo pidan", dice Plensa. El niño y su tía, después, mientras una gota de agua cae sobre el címbalo, "como un metrónomo de la vida", se hacen una foto ante una puerta que tiene un letrero donde se lee 'joie'.