Ir a contenido

IDEAS

La escritora Soraya Chemaly. 

Ilya S Savenok Getty Images

La ira de las mujeres

Jenn Díaz

Durante décadas, la furia de las mujeres ha sido una cuestión casi cinematográfica. Y, siempre, una expresión en solitario. Se me vienen a la cabeza decenas de escenas en las que la mujer, cansada, exasperada, sin motivo aparente, o al menos no demasiado evidente, estalla en cólera. Pero no como lo haría un hombre, como nos han mostrado que los hombres se enfurecen. Todo lo contrario: la furia de las mujeres ha sido siempre representada, como decía, en soledad, y también con cierta calma. Por lo visto, las mujeres nos enfurecemos despacio, sin armar mucho jaleo, sin aspavientos, en silencio, en la soledad de una casa vacía.

Soraya Chemaly, la autora de 'Enfurecidas. Reivindicar el poder de la ira femenina', cuenta cómo su madre, de pronto, empieza a tirar por la ventana la valiosísima vajilla de porcelana que le regalaron el día de su boda. Así es como ella, de niña, presenció la furia de su madre, en el ámbito doméstico, personal, en solitario, y sin mucho escándalo (salvo los platos haciéndose añicos).

 'Buenas y enfadadas' y 'Enfurecidas' reivindican la incomodidad femenina en pleno siglo XXI

La furia masculina es salvaje, y tiene que ver con la interpretación del poder y la autoridad que hemos codificado la sociedad para los hombres. Pienso también en algunas escenas en las que ellos se enfurecen y tienen derecho a todo el revuelo que acompaña a la ira. Por eso, cuando una mujer se enfada y es expresiva, cuando una mujer muestra su furia como lo haría un hombre, y no lo hace en privado, ni en silencio, ni en apariencia calmada, nos asusta. Entonces las mujeres somos mandonas, o somos agresivas, o somos una amenaza. Pero la cuestión no sólo tiene connotaciones de género: si un hombre blanco se enfurece visiblemente, autoridad; si un hombre negro se enfurece visiblemente, criminal.

Las mujeres, últimamente, parece que están enfadadas. Hasta tal punto, que muchos creen que ser feminista es sinónimo de estar cabreadas. No les falta razón, porque lo estamos. Dos libros han publicado al respecto y a la vez: Soraya Chemaly y Rebecca Traister ('Buenas & enfadadas. El poder revolucionario de la ira de las mujeres' ). Dos libros sobre la misma cuestión: la ira de las mujeres hoy en día, que ya no lo hacen en silencio y solas, y que, claro, son una amenaza real. Ahora que el mundo ha descubierto que estamos furiosas y que no nos escondemos, ahora habrá que aprovechar tanta ira.