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ENERGÍA Y GEOPOLÍTICA

Putin visita acompañado por el jefe ejecutivo de Gazprom, Alexei Miller, los trabajos del gasoducto Trurkstream el pasado mes de junio.

REUTERS

Europa, Trump y Sputnik

Pere Vilanova

El acceso y distribución de las fuentes de energía es el caballo de batalla sobre el que se mueve la globalización y la geopolítica

Este caso no hay por donde tomarlo, pues por un lado parece sacado de una película (mala) de James Bond y, por el otro, podría convertirse en un galimatías aburrido típicamente eurocomunitario. Pero vayamos por partes. Todo el mundo sabe que hoy en día, desde la perspectiva de la geopolítica, la producción y acceso a fuentes de energía es algo determinante, incluso algunos expertos opinan que es el abecé de la interdependencia, concepto clave para entender esto de la “globalización”.  Pero no es sencillo.

En términos energéticos, cabría pensar que hay dos tipos de países: los que producen y los que consumen. Pues no, hay tres: los que producen, los que consumen y los que “transportan”, es decir aquellos por los que transita la energía que unos producen (y deben exportar) y otros consumen (y deben importar). La “crisis del petróleo” de la Guerra de Yom Kipur de octubre de 1973 enseñó crudamente al mundo que no basta con amenazar (los países árabes productores, en aquel tiempo) a los países industrializados (el llamado “occidente”) con cortar el suministro, porque en 1973 puso sobre la mesa la interdependencia, y por decirlo llanamente, el exceso de producción no consumido lleva a todos a la ruina.

Evitar el peaje político

El ya famoso proyecto de gasoducto Nord Stream 2 permitiría la exportación de gas ruso a Europa directamente, saltándose países transportadores, a través del mar Báltico, de modo que se pueda sortear el peaje político puesto de relieve por la crisis ruso-ucraniana. Ese proyecto tiene por un lado una serie de retos técnicos de cierto alcance y, sobre todo, plantea una formidable partida de ajedrez entre no dos sino varios jugadores. Se ha metido recientemente el presidente Trump, que igual amenaza con “soltar” a centenares de terroristas del ISIS retenidos por los kurdos, si no se hace cargo de ellos Europa, que se mete a presionar a Europa si no detiene el proyecto Nord Stream 2 porque, según él, amenaza la seguridad occidental.

Notemos que la amenaza de Trump se produjo en primer lugar durante la última cumbre de la OTAN en Bruselas, y se reactiva ahora con motivo de la reciente reunión Putin-Merkel. El principal objetivo de Trump, hablemos claro, es seguir debilitando a la Alianza Atlántica, es decir, la OTAN, que a su parecer no es lo bastante disciplinada. El antimultilateralismo de Trump ha dado un nuevo paso.

La parte de la trama “007”, James Bond para los expertos, uno la puede seguir en dos fuentes directas. Una es la web oficial de la compañía estatal rusa Gazprom (www.gazprom.com) que narra el proyecto como un cuento de hadas sin geopolíticas turbias. Otra es, por ejemplo, la web rusa de Sputnik. (https://mundo.sputniknews.com ), que afirma: “El presidente francés, Emmanuel Macron, se merece un lugar en los libros de texto de historia, aunque solo fuera por ser la primera y única persona que intentó tomar como rehén un gasoducto submarino”, para ilustrar las pérfidas intenciones de Francia hacia Alemania, que por suerte tiene al San Jorge ruso de su lado.