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Editorial

Los eternos problemas de Rodalies

La precaria situación del servicio exige una solución contundente para que el ciudadano no siga pagando las consecuencias

Estación de Rodalies de Plaça Catalunya, de Barcelona.

Estación de Rodalies de Plaça Catalunya, de Barcelona. / FERRAN NADEU

A los habituales dramas cotidianos que padecen los usuarios de los servicios de Rodalies (los retrasos continuos que exigen prever el tiempo que se va a perder para llegar al trabajo; la falta de información, y la sensación de inseguridad por el deficiente estado de las infraestructuras, con más de 70 puntos en los que es obligado aminorar la velocidad por precaución), se han sumado en los últimos meses dos accidentes mortales, en Vacarisses y Castellgalí, ambos en la R-4, y también, esta misma semana, una acumulación de averías, en el túnel entre Sants y Plaça Catalunya y en otras zonas del territorio, con afectación también de los trenes de media distancia.

Todo ello cuando se cumple la primera década desde que la gestión de Rodalies se traspasó a la Generalitat. El Gobierno autónomo asumió la gestión de horarios y frecuencias, del personal y las tarifas, pero tanto la titularidad de la infraestructura, de las vías, las estaciones y los andenes (Adif), como la responsabilidad de la empresa operadora (Renfe) quedan lejos de las atribuciones de la Generalitat. Cabe sumar a todo ello la escandalosa falta de inversiones. De la partida de 4.000 millones de euros prometida por la Administración central del Ejecutivo de José Luis Zapatero en el 2008, solo se ha ejecutado el 13%. La consecuencia es un deterioro constante de la red, con ejemplos tan flagrantes como el de la línea R-4 de Manresa, los tramos de vía única o los túneles de Barcelona.

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La Generalitat, que tiene la potestad de sentar a la mesa a Renfe y Adif para, al menos, expresar su protesta, piensa "replantear los términos del traspaso", en palabras del 'conseller' Damià Calvet, sin reclamar el de las infraestructuras, por considerar que el actual es incompleto e insuficiente. Sin embargo, es cierto que la actual situación política, con el Gobierno en funciones y a la espera del periodo electoral que se avecina, no parece ser el más apropiado para llegar a un acuerdo en el que, más allá de concretar nuevas responsabilidades en la gestión y una mayor efectividad, conviene concretar inversiones del todo imprescindiblesLa falta de aprobación de los Presupuestos (en los que se cifraba en el 95% de aumento la cantidad a invertir en la estructura ferroviaria) es una nueva causa de polémica, por cuanto la Generalitat aduce que no se trata de prometer sino de cumplir. En todo este asunto, que exige una solución contundente y permanente, el ciudadano de a pie es quien acaba pagando las consecuencias.