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Pequeño observatorio

Una mujer pasa por los estacionamientos vacíos asignados para los VTC en el aeropuerto del Prat.

Albert Gea (REUTERS)

Sobrenombres

Josep Maria Espinàs

La brevedad se impone en muchos ámbitos y se procura que el nombre de un partido, asociación o marca comercial no sea muy largo porque la sonoridad ayuda a capturar la atención

Había desayunado discretamente y leído el diario. Es lo que acostumbro a hacer. No suelo saltarme las páginas si no es que busque una información concreta. Todo iba muy bien hasta que me saltó a los ojos esta frase: "Está cogiendo importancia el BCE".

Leyendo un periódico se pueden aprender muchas cosas, pero hay unas siglas que parecen importantes y no sé qué significan. ¿Son cosas de viejo o a otros lectores también les sucede? Paso y repaso las páginas del diario y me encuentro con más letras mayúsculas: EPA, CDR, ANC, BOE, FRAM, Vox, TSJC, TC... Un conjunto de contracciones interminable. 

Una original contracción de sílabas (¡que no de letras!) es 'Barça' refiriéndose al Futbol Club Barcelona. La contracción, la brevedad, faculta el grito que convoca a compartir el entusiasmo. No sé qué pasaría si cantásemos: "¡FCB!, ¡FCB!" Más que entusiasmo parecería que los barcelonistas nos queremos sacar una cáscara de la boca.

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También se procura que el título o el nombre de un partido o asociación o de las marcas comerciales no sea muy largo, porque la sonoridad ayuda a capturar la atención. Y puede convertirse en grito. Crida, Apple, iPhone... La brevedad se impone en muchos ámbitos, incluso en los nombres de persona: Toni, Pep, Quim, Fina, Mari, Lola, Paco. Y ahora los niños se llaman: Laia, Uc, Àlex, Pol... Parece que si pasan de dos sílabas (Berta, Laura, Oriol...) quedan anticuados. Se han acabado Cristina o Montserrat. 

¿Me equivoco si digo, sin embargo, que los nombres de los animales de compañía -ahora les llaman mascotas- se han alargado? Quizá es que los animales se han hecho aristocráticos y ahora siguen un poco aquella tradición de los nombres ilustrados que no se acaban nunca.

Y es que la cosa cambia cuando aparece el 'don': don Enrique Francisco López de los Valles y de Covadonga. Una cierta y antigua aristocracia tiene esto: acumular nombres y apellidos parece una manera de respetar y hacer notar las ascendencias.

Las historias familiares pueden ser importantes. A mí ya me va bien mi segundo apellido: Macip. Entre otras cosas, significa 'aprendiz'.