Ir a contenido

OPINIÓN EXPRÉS

Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal, en la manifestación de la plaza de Colón de Madrid

EFE / FERNANDO VILLAR

Las dos Españas

Enric Hernàndez

La derecha tricéfala de Colón y el '¡No pasarán!' de la izquierda se baten en duelo en las urnas por decisión de unas fuerzas independentistas autoinhabilitadas para la gobernabilidad de España

Domingo, 28  de abril. Pedro Sánchez ya ha puesto fecha a unas elecciones anticipadas en la que se batirán en duelo las dos Españas: la de la derecha tricéfala de la plaza Colón, en la que Santiago Abascal (Vox) obtuvo carta de legitimidad, y la de la mayoría progresista y periférica que derrocó a Mariano Rajoy en la moción de censura del 2018. Ese será, al menos, el 'leitmotiv' de la campaña: o todos contra Sánchez, o cortafuegos ante la espada flamígera de las derechas y la ultraderecha. Un dibujo a trazo grueso que borra los matices, pero qué otra cosa es una batalla electoral.

El adelanto electoral es un fracaso de Sánchez, que aspiraba a agotar la legislatura, pero a menudo se olvida que también lo es de la mayoría que lo encumbró: en mayo del pasado año ninguna de las fuerzas que votó la moción de censura deseaba una llamada a las urnas. Entonces el temor de las izquierdas, el PNV y el independentismo catalán era el ascenso electoral de Ciudadanos; paradójicamente ahora, cuando la amenaza es la extrema derecha y su capacidad de contagio sobre la derecha clásica, el independentismo catalán ha jugado con fuego... a riesgo de quemarse.

Cuatro contiendas electorales en una. La del bloque conservador y ultraconservador, en el que Pablo Casado (PP) pugna por evitar el 'sorpasso' de Albert Rivera (Cs) y al tiempo emular el discurso de Abascal para evitar una hemorragia de votos hacia Vox. Lucha por el voto de centro entre Sánchez y Rivera, con la foto de Colón como baldón del líder naranja. Batalla campal entre PSOE y Podemos al grito de '¡No pasarán!', con el voto útil de la izquierda y el cisma morado como telón de fondo. Y disputa en Catalunya no solo entre una ERC en alza y el deshilachado espacio posconvergente, sino también entre los 'comuns' y un PSC amarrado al compromiso de Sánchez con el diálogo.

Salvo que el vuelco conservador sea incontestable, la noche del 28 de abril no sabremos el nombre del futuro presidente de España.  Primero, porque no es descartable que haya más de una mayoría posible: PP, Ciudadanos y Vox, en un extremo, PSOE y Cs en el centro del tablero. Si las urnas visten de naranja al árbitro de la política española, las generales tendrán un partido de vuelta en las autonómicas y municipales del 26 de mayo, con el mapa de España transformado en el Monopoly de las alianzas poselectorales. 

EL INFLUJO DE WATERLOO

Una cosa es segura: el influjo de Waterloo sobre la estrategia de Esquerra y PDECat los ha inhabilitado para la conformación de futuras mayorías de gobierno. Ningún presidente en sus cabales fiará su estabilidad a unas fuerzas independentistas inmersas en una guerra cainita y presas de sus pulsiones suicidas. En las que, si el tridente de Colón se impone en las urnas, arrastrarán al conjunto de los catalanes.