03 abr 2020

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Dos miradas

El mago George Grimmond ejecuta el truco de la bala.

BETTMANN

La bala y la boca

Josep Maria Fonalleras

Estos días, se me ocurren unas cuantas metáforas sobre las balas y las bocas, como el número del mago Reynold Alexander. Sobre la magia y la temeridad

La próxima semana, si no ocurre nada, el mago de Puerto Rico Reynold Alexander actuará en el Festival Internacional Memorial Li-Chang, en Badalona. Presentará un número que está en la frontera entre la magia y la temeridad: tratará de retener con la boca un proyectil disparado décimas de segundos antes desde una Magnum 357 que, después de haber atravesado un vidrio para amortiguar la velocidad, irá a parar, con suerte (y magia), entre sus dientes, aserradas en el momento indicado (único, irrepetible) para que el proyectil se quede allí y no le destroce la garganta y la columna vertebral. Lo explicaba hace unos días Mauricio Bernal en estas páginas. Como es fácil deducir, el número es arriesgado y más de uno y más de dos magos se han dejado la piel: la bala era demasiado rápida o los dientes no intervinieron cuando tocaba o con la contundencia que tocaba, o las tres cosas a un tiempo. He visto grabaciones de Alexander y me parece un mago muy clásico, con cuerpos aserrados en cinco trozos, juegos de manos y un número muy bueno con un reloj de arena. Pero no lo veo con la fuerza mística (más que mágica) que se necesita para detener una bala de esta manera.

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Espero de todo corazón, sin embargo, que su actuación sea un éxito, por su bien y porque qué ganas de sufrir si la cosa sale mal. ¿Por qué lo hace? "Porque es lo que hago", ha dicho. Estos días, se me ocurren unas cuantas metáforas sobre las balas y las bocas. Sobre la magia y la temeridad.

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