Ir a contenido

Análisis

Exhibición de robots en la feria de tecnología Consumer Electronics Show (CES) de Las Vegas, el pasado 5 de enero.

REUTERS / RICK WILKING

El paradigma laboral de la cuarta revolución industrial

Alexandre Muns Rubiol

En julio el periodo de crecimiento del PIB iniciado bajo Barack Obama en el 2009 se convertirá en el más largo de la historia de EEUU. El desempleo en EEUU está en su nivel más bajo (4%) en 50 años y los salarios crecen. A pesar de las tácticas negociadoras arriesgadas de Donald Trump en el ámbito comercial, la generación de empleo mensual sigue batiendo récords. Se ha aprobado una reforma de las regulaciones de encarcelamiento para facilitar que presos con delitos no graves puedan reinsertarse al mercado laboral. Sencillamente no hay suficientes trabajadores para satisfacer la demanda del mercado laboral. La reducción de impuestos de la renta y de sociedades de diciembre de 2017 ha dinamizado a la locomotora de la economía mundial.

El ciclo de crecimiento se ralentizará tarde o temprano debido a la incierta relación comercial entre EEUU y China, el desenlace del 'brexit' y el ritmo de la desaceleración de China. La coyuntura tan favorable está ocultando la transformación del mercado laboral a la cuarta revolución industrial, con la incorporación masiva de robots, maquinaria avanzada e inteligencia artificial.

El Foro Económico Mundial prevé que en el horizonte del 2022 la nueva división del trabajo entre personas, máquinas y algoritmos habrá generado 58 millones de empleos netos, pero destruyendo 75 millones. La Federación Internacional de Robótica calcula el número de robots por cada 10.000 trabajadores. En el 2016, el promedio internacional de robots en la industria se situó en 74 por 10.000. Aunque Corea encabezaba el ránking con 631, los 309 de Alemania convertían a Europa en el continente con mayor densidad (99). Ya existen 8,6 millones de robots en el mundo, de los cuales 7,3 millones se emplean en servicios y 1,3 millones en fábricas.

La rivalidad geoeconómica entre EEUU y China se acentúa debido a los 300.000 millones de dólares que Beijing está invirtiendo en 10 sectores de tecnología punta para transformar a la primera fábrica mundial de ropa, calzado y productos electrónicos en líder en telecomunicaciones, robótica, tecnologías de la información (TI), biofarmacia y aeronáutica. Los reguladores y gobiernos frenarán a corto plazo la ola de automatización para impedir colisiones de drones con aviones y protestas violentas de taxistas y otros trabajadores. Sin una revolución antisistema fruto del populismo vigente se mantiene la ausencia de competencia ideológica entre Occidente y China.

El gran capital apuesta por los hogares y vehículos inteligentes a los cuales pueden aspirar la clase media-alta y alta. Ya hay 26.000 millones de aparatos conectados al Internet de las cosas. Pero el capital necesario para producir y comprar la nueva generación de electrodomésticos y vehículos exige un reciclaje profesional hacia las carreras que la Organización Mundial del Trabajo anticipa que triunfarán: matemáticas, TI, diseño de robots, y científicos, ingenieros, ejecutivos, arquitectos y docentes capaces de adaptarse a una cuarta revolución industrial que combina tecnologías en la fusión del ámbito físico, digital y biológico.