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El futuro de un icono de BCN

La Sagrada Família. 

Albert Bertran

El templo más sagrado

Eva Arderius

Seguro que el próximo gobierno municipal podrá decidir y decir públicamente que la ampliación de la Sagrada Família es innecesaria y extemporánea

Cuando el concejal socialista Daniel Mòdol llamó “mona de Pascua” a la Sagrada Família se hizo el silencio. Lo había hecho. Y en un pleno. Había criticado la obra arquitectónica más emblemática de Barcelona. Los ojos de algunos se abrieron como los de los dibujos animados japoneses. La Sagrada Família no se toca.

Seguro que quién puso los ojos en blanco y sonrió maliciosamente fue el exalcalde Jordi Hereu. Hereu sabe lo que es topar con 'Ella'. Ahora queda lejos, pero cuando se construyó el túnel del AVE que tenía que conectar Sants con la Sagrera, Hereu tuvo que suportar una dura campaña de desgaste político y una presión brutal contra la perforación del subsuelo. El túnel podía resquebrajar la basílica y el mínimo riesgo justificaba un cambio de trazado. Imagino el calvario de Hereu el día que la tuneladora avanzaba lentamente bajo la obra de Gaudí.

El túnel se hizo, la Sagrada Família no se movió ni una milésima, las pancartas desaparecieron, los trenes empezaron a pasar, Hereu perdió las elecciones y las riadas de turistas siguieron visitando un templo que no para de crecer y que tiene que estar acabado el 2026. La fecha ya no es de ciencia ficción. Esto quiere decir que hay que tomar una decisión que hace tiempo que se arrastra y que tiene que ver con la fachada de la Gloria, la que sería la entrada principal, con una gran escalinata y un parque. Completarla significa demoler dos manzanas del Eixample, es decir unos mil pisos y 300 locales. Los vecinos, que tendrían que ser expropiados y realojados, ya se han empezado a poner nerviosos.

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La Sagrada Família tiene un valor arquitectónico, sentimental, económico, turístico y, para algunos religioso, innegable pero no levita por encima de la ciudad. Forma parte de ella y también tiene que empatizar con ella. Los problemas más terrenales no le pueden ser ajenos y por eso es difícil de entender que se pueda llegar a plantear tirar pisos y pagar expropiaciones millonarias cuando Barcelona tiene un problema de vivienda gravísimo. Seguro que más de un concejal lo piensa pero de momento nadie ha sido capaz de verbalizarlo con claridad, y habría que hacerlo antes que sea demasiado tarde.

Este mandato, Ada Colau ha hecho algunas cosas, ha obligado al patronato a regularizar la licencia pero habría sido lógico cerrar también la carpeta de la ampliación. Tenía todo el sentido del mundo que lo hiciera ella, aunque también es quién más difícil lo tenía para conseguirlo. Colau gobierna en minoría y sus opositores habrían atribuido su determinación a un postureo laicista y 'turismofóbico'. Ahora ya no hay opción, la decisión tendrá que tomarse en el próximo mandato. El futuro alcalde, quizá la misma Colau, volverá a encontrarse con el pastel o, como dice Mòdol, con la mona de pascua sobre la mesa. Así que ánimo, si Hereu pudo perforar el subsuelo sin hundirla, seguro que el próximo gobierno municipal podrá decidir y decir públicamente que la ampliación de la Sagrada Família es innecesaria y extemporánea. Que hay que replantearla pensando especialmente en los barceloneses. Es la mejor obra que el templo podrá hacer para la ciudad y seguro que si se explica bien, todo el mundo lo entenderá.