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Estudiantes ondean banderas iranís durante la ceremonia de conmemoración de la revolución. 

EFE Abedin Taherkenareh

Cuarenta años de teocracia

Ignacio Álvarez-Ossorio

La animadversión entre Estados Unidos e Irán no ha dejado de crecer desde el triunfo de la revolución

En 1979 el pueblo iraní se levantó contra la tiranía del Shah. Fue un movimiento coral en el que no solo intervinieron los actores islamistas, sino también los partidos izquierdistas y de orientación liberal. El hartazgo ante la opresión y la corrupción sistémicas del monarca iraní favorecieron una amplia movilización popular que puso fin al reinado de Reza Pahlavi. A continuación Jomeini maniobró para deshacerse de sus rivales e instaurar una república islámica.

El resto de la historia es bien conocida. El nuevo régimen islámico impuso la sharía y persiguió hasta la extenuación todas aquellas prácticas que atentaran contra la moral islámica. A partir de entonces, las libertades públicas fueron severamente restringidas. Las mujeres se vieron obligadas a llevar el velo y fueron segregadas en los lugares públicos y el alcohol y la música occidental fueron prohibidos. La izquierda fue perseguida con especial saña siendo la mayor parte de sus militantes encarcelados, torturados o ejecutados. Los encargados de velar por la buena salud de la revolución islámica fueron las fuerzas paramilitares de los Basich y la Guardia Republicana, que desde entonces han acumulado un poder prácticamente ilimitado.

El ayatolá Jomeini puso en marcha un nuevo sistema basado en el ‘gobierno del jurisconsulto’ por el cual el clero chií ejercía la autoridad política y religiosa. La Constitución de 1979 concentró el poder en manos del Guía Supremo, labor que fue asumida en primera instancia por el propio Jomeini y, tras su muerte en 1989, por Jamenei. No todos los ayatolás comulgaron con este modelo, ya que el influyente Montazeri consideró que los religiosos debían mantenerse en un segundo plano y que el gobierno debería quedar en manos de tecnócratas, lo que le condenó primero al ostracismo y después al arresto administrativo.

Voluntad exportadora

Una de las señas de identidad del nuevo Irán fue su voluntad de exportar la revolución a los países vecinos. El régimen iraní promovió un islam contestatario y militante que representaba una amenaza no sólo para Estados Unidos, sino también para Arabia Saudí. El 20 de noviembre de 1979 un grupo de militares se levantó contra la dinastía saudí y capturó el santuario de La Meca. Poco después, Irán promovió la creación de Hizbulá, que en la actualidad juega un importante papel en la escena política libanesa.

La animadversión entre Irán y Estados Unidos no ha dejado de crecer desde entonces. Tras la toma de rehenes en la embajada de Teherán, Ronald Reagan alentó la invasión iraquí de Irán, guerra que se prolongó durante ocho años y provocó un millón de muertes. Después de los atentados del 11 de septiembre, George W. Bush consideró a Irán como uno de los integrantes del Eje del Mal, junto a Irak y Corea del Norte. En los últimos meses, Donald Trump ha dado una nueva vuelta de tuerca al restablecer las sanciones comerciales sobre Irán, lo que ha acentuado la crisis económica y aumentado el malestar de la población hacia un régimen cada vez cuestionado a escala interna.

Temas: Irán