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Lejos de la gente

Vista por las cuestiones previas del caso del 1-O, en diciembre pasado. En la imagen, Manuel Marchena (en el centro) preside el tribunal junto a los jueces Andrés Martínez (izquierda) y Juan Ramón Berdugo.

BALLESTEROS (EFE)

De par en par

Ricard Ustrell

Tras el juicio del 'procés', la vía del pacto debería exigir el compromiso del Estado a trabajar por la voluntad de la mayoría de votar y también que los líderes independentistas pidan perdón a sus seguidores

Desde hace dos años, un magistrado del Tribunal Supremo me cuenta que una de las máximas preocupaciones internas del órgano es la distancia que tienen con la ciudadanía. Habría una opinión generalizada partidaria de abrirse más, permitiendo más entrevistas a sus magistrados, por ejemplo.

Sin embargo la realidad no se corresponde a esta voluntad. Se conceden muy pocas entrevistas y se siguen comunicando mal las decisiones importantes, por ejemplo, del juicio de los líderes independentistas. Si bien es cierto que se permite su retransmisión y los periodistas tendrán una sala habilitada para seguirlo, no ha habido más facilidades. 

Me consta que varias cadenas de televisión pidieron algo tan sencillo como poder grabar unas imágenes de la sala vacía del juicio. Se denegó. Y la solución del TS fue la de difundir un vídeo donde se puede ver la sala con unas imágenes de poca calidad. Mal resuelto, si realmente se quiere acercar la justicia a la gente.

Se suma la incapacidad de los gobernantes de resolver conflictos políticos con política. En el juicio de los independentistas, el hecho de que el relato ya esté escrito antes de la sentencia pone aún más en el entredicho la justicia. Y a pesar de que no hay pruebas y, por tanto, de aquí a seis meses, los procesados podrían salir de la sala sin prisión, uno tiene la percepción de que el juicio no arregla nada.

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Vuelve la pelota a la política. Y aquí reaparece la vía del pacto. Un pacto que, si quiere acercarse a la gente, debe reparar la consternación del día 1-O, el dolor de los presos políticos y sus familias, el exilio y el compromiso del Estado a trabajar para satisfacer la voluntad de la mayoría de votar, pero también debe exigir el perdón de los líderes independentistas a sus propios seguidores, después de hablar de estructuras de Estado, de procesos constituyentes y apoyos internacionales inexistentes.

Se me hace difícil imaginar una solución. Los políticos todavía viven lejos de la gente, acomplejados por su relato, su resultado y sus cuotas de poder. Cuando lo que deberían hacer para acercarse a la gente es, con honestidad, abrir de par en par el respeto y la confianza a los que tienen delante.