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La polarización social

Las políticas de identidad de la derecha nacionalista

MONRA

Las políticas de identidad de la derecha nacionalista

Eugenio García Gascón

Se ha llegado a un punto en que la izquierda es más intolerante que la derecha en temas nacionalistas

Mientras es una característica de la derecha promover políticas de identidad, la izquierda debería buscar lo que une a la gente y no lo que la separa. Cuando la derecha impulsa políticas de identidad grupal está impulsando el resentimiento, especialmente entre la gente más sencilla. La intolerancia de la derecha nacionalista ha ido creciendo progresivamente desde la victoria de Jordi Pujol en las elecciones de 1980, y es probablemente esa intolerancia, que cada vez es más acusada, la que ha permitido la irrupción de Ciudadanos. Sin la intolerancia de la derecha nacionalista no tendríamos a Ciudadanos, una formación de derechas que apareció como reacción a los abusos del nacionalismo de derechas.

El mayor triunfo de CDC fue la creación de un sistema educativo a la medida del nacionalismo, que penetró en todas las escuelas y colegios de la comunidad, y que incluso se infiltró con un éxito notable en las corrientes políticas de izquierda. El resultado de esa infiltración se ha hecho más visible con el transcurso del tiempo, hasta llegar a su máxima expresión. Sus implicaciones han sido nefastas para la convivencia: las familias se han partido por la mitad, aunque esto no ha importado a la derecha, que además está muy satisfecha de haber transmitido su resentimiento nacionalista a la izquierda.

Sociedad dividida

Un estudio realizado en Estados Unidos tras la victoria de Donald Trump ha mostrado que simplemente con el hecho de subrayar que existe el peligro de que los blancos se conviertan en minoría se suscita una reacción en defensa de la identidad grupal de los blancos y se les impulsa a enfrentarse a los no blancos. Exactamente eso ha ocurrido en Catalunya. El estudio también revela que cuanto menos educados son los blancos, más propensos son al sectarismo. Esta circunstancia la aprovechan los dirigentes sectarios en su discurso, incendiando con miedo la supuesta amenaza que planea sobre la población blanca de Estados Unidos. Eso también ha ocurrido aquí.

En Catalunya, aunque la confrontación nacionalista-no nacionalista es vieja, en los últimos años ha dividido a la sociedad en dos como nunca antes había ocurrido. La derecha nacionalista ha creado estereotipos negativos y demonizaciones en sus rivales, y estos, incluido Ciudadanos, han reaccionado creando estereotipos y demonizaciones semejantes entre los nacionalistas. A esto se añade que cuando el compromiso político de los individuos es más grande, mayor es su resentimiento.

Racionalismo ausente

El objetivo de los nacionalistas es ganar el referéndum, o en su defecto ganar las elecciones que les permitan aplicar el sectarismo a toda la sociedad, y para ello utilizan el arma del miedo, de la “amenaza” en que se encuentra el pueblo, el pueblo blanco en Estados Unidos o el pueblo catalán aquí. Inflaman a sus seguidores con himnos patrióticos, denunciando lo mucho que sufre el pueblo debido a la injusticia y la persecución, recurriendo a la política de la identidad que subraya las diferencias y con la que han conseguido atraer a la izquierda, una izquierda distraída y ajena a los principios de la izquierda, que no enfatiza valores e intereses comunes de la sociedad, como debería hacer la izquierda. Se ha llegado a una situación en la que la izquierda aplaude las diferencias que señala la derecha permitiendo la emergencia continuada de esperpentos. Se ha llegado a un punto en el que la izquierda es incluso más intolerante que la derecha en materias nacionalistas, tanto en actitudes como en comportamientos.

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Los ideólogos nacionalistas que a diario hacen correr ríos de tinta saben que sentirse “amenazado” polariza a la parroquia, de ahí que pongan sus plumas a trabajar en esa línea sin descanso. Denuncian lo malos que son los otros, y cada vez que los otros critican el nacionalismo o a sus cabezas visibles, los nacionalistas se enrocan más en sus posiciones. Paralelamente se ignora la corrupción, las auténticas diferencias políticas o cualquier otro asunto sustancial. En esta situación, los moderados se desmovilizan y las huestes de radicales se hacen más fuertes. El racionalismo que debería aplicar la izquierda simplemente desaparece, está ausente. Los conflictos no solo no se previenen sino que se fomentan desde la derecha y por reflejo también desde la izquierda. Esta es la situación de las políticas de identidad en que nos encontramos y a la que no se ve salida puesto que todo indica que las posturas se irán radicalizando en el futuro más cercano.