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EN CLAVE EUROPEA

Inmigrantes sin salvamento

Olmo Calvo

Inmigrantes sin salvamento

Eliseo Oliveras

La presión de Italia y la UE ha dejado el Mediterráneo central sin buques de rescate humanitarios

El Gobierno italiano ha emprendido sucesivas acciones judiciales contra los distintos navíos de salvamento

La presión de los gobiernos europeos y las medidas adoptadas por Italia, Malta, España, Francia y Holanda han dejado el Mediterráneo central sin buques de rescate de las organizaciones humanitarias para salvar a los inmigrantes de los naufragios. El Sea-Watch 3, el último que operaba en la zona, se encuentra retenido en Catania (Sicilia) por orden judicial desde el 1 de febrero. La víspera había desembarcado a 47 inmigrantes rescatados 12 días antes, pero se le había vetado el acceso a puerto hasta que se pactó la distribución de esos inmigrantes entre varios países.

El Open Arms, de Proactiva Open Arms, está bloqueado en Barcelona desde mediados de enero por orden de las autoridades españolas. El Aquarius de SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras (MSF), que había salvado a 30.000 personas, quedó bloqueado en octubre en Marsella, después de que Gibraltar y, más tarde, Panamá le retiraran el pabellón para navegar y que los países europeos rechazaran autorizarlo a navegar bajo su bandera. Las autoridades italianas exigieron en noviembre su inmovilización bajo la acusación de descargar residuos tóxicos.

Italia también se incautó en agosto del 2017 del buque Iuventa de la alemana Jugend Rettet. Tras haber salvado más de 6.000 vidas, el navío está inmovilizado en Trapani (Sicilia), acusado de asociación con contrabandistas y fomentar la inmigración ilegal. En abril del 2018, el Tribunal Supremo italiano rechazó el recurso de Jugend Rettet.

Suspensión de operaciones

El Phoenix de Migrant Offshore Aid Station (MOAS), bajo presión italiana y maltesa, abandonó en septiembre del 2017 sus operaciones, como había hecho ya el Prudence de MSF en agosto. El Vos Hestia de Save the Children, que había salvado a más de 10.000 inmigrantes, también suspendió las operaciones en octubre del 2017 por la presión de la policía y la fiscalía italiana.

Otro buque, el Lifeline, de la organización alemana Mission Lifeline, está bloqueado en Malta desde junio, después de haber desembarcado a 226 inmigrantes rescatados. La organización alemana Sea Eye, a la que Holanda retiró en el 2018 el pabellón a sus buques Sea-Eye y el Seefuchs, retomó en diciembre las operaciones de rescate con el Professor Albrecht Penck, pero ahora el navío se encuentra en Mallorca después de que se le impidiera en enero durante más de dos semanas desembarcar a los inmigrantes que había salvado.

En las primeras cinco semanas de este año, han perecido al menos 144 inmigrantes en el Mediterráneo central, según la Organización Mundial paras las Migraciones (OIM). El número es muy elevado en comparación con la reducida cifra de inmigrantes que han llegado a Italia y Malta: 251 en total. Los acuerdos de Italia y la UE con las milicias libias y la paulatina desaparición de los buques humanitarios han reducido drásticamente los flujos migratorios en el Mediterráneo central, trasladándose la presión hacia España, donde se han triplicado las llegadas: 4.104 personas en las cinco primeras semanas.

Migrantes rescatados en Tarifa en julio del 2018. / A. carrasco rangel (EFE)

La paralización de los rescates de las organizaciones humanitarias, a las que los gobiernos acusan de hacer el juego a las mafias, es uno de los objetivos no confesados de la política europea antimigratoria. Las acciones judiciales contras los navíos humanitarios no son nuevas. El presidente de la alemana Cap Anamur, Elias Bierdel, y el capitán del Cap Anamur II, Stefan Schmidt, ya fueron juzgados en Italia por haber rescatado en el 2004 a 37 inmigrantes que había naufragado cerca de la isla italiana de Lampedusa.

Para poner fin a los flujos migratorios, el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, firmó en el 2008 un acuerdo con el régimen autoritario libio de Muamar  el Gaddafi, que permitía el retorno forzoso de los botes de inmigrantes detectados por los guardacostas italianos. La caída del régimen de Gaddafi en el 2011 tras la intervención de la OTAN disparó de nuevo la llegada de irregulares, mientras que la política de devolución de inmigrantes tuvo que abandonarse tras la sentencia en contra del Tribunal Europeo de Derechos Humanos del 2012.

La enorme disparidad de rentas

El fracaso de la operación Hermes de Frontex y la conmoción por los más de 360 muertos del naufragio frente a Lampedusa en octubre de 2013 impulsaron al Gobierno italiano a iniciar la operación de rescate Mare Nostrum. Pero se suspendió en octubre del 2014 debido a su elevado coste, al escaso apoyo de la UE y a las presiones de los otros países europeos, que sostenían que atraía la inmigración. La multiplicación de los ahogados, pese a la misión Trintón de Frontex, y el naufragio con más de 900 muertos en abril del 2015 llevó a intensificar la labor de rescate de las organizaciones humanitarias, a las que Italia y otros países culparon del incremento del flujo migratorio.

Desde el 2000 han fallecido más de 33.000 inmigrantes intentando cruzar el Mediterráneo, según los datos de la OIM y de la organización United. La duplicación prevista de la población africana en las próximas tres décadas y la enorme disparidad de rentas entre ambos continentes incrementará aún más la presión migratoria en los próximos años.