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El fin del diálogo

Carmen Calvo, Nadia Calviño y Pedro Duque en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

JOSÉ LUIS ROCA

Los daños del relator que no fue

Astrid Barrio

Al final no va a haber ni mesa de partidos ni Presupuestos. Solo un PSOE más dividido y una manifestación de la derecha a modo de inicio de campaña

La aceptación inicial por parte del Gobierno de España de la propuesta del Gobierno de Catalunya de que un secretario dé actas de fe de los acuerdos alcanzados en la mesa o mesas de partidos catalanes y/o españoles desde una posición imparcial ha desatado todas las iras. De líderes políticos,  de algunos medios de comunicación y también, sorprendentemente, de algunos periodistas que hasta hace poco se declaraban muy partidarios del diálogo. Todos ellos se han rasgado las vestiduras por lo que consideran un error, una rendición a las exigencias independentistas para aprobar los Presupuestos cuando no directamente una traición.  

Las críticas no han venido solo desde las filas de la oposición, como cabía esperar,  sino  también desde las filas del propio socialismo. Algunos exdirigentes como Felipe González y Alfonso Guerra y algunos barones territoriales como Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha, Guillermo Fernández Vara, presidente de Extremadura, y Javier Lambán, presidente de Aragón, también se han mostrado abiertamente hostiles a la idea. Los primeros como guardianes de las esencias y haciendo gala de su particular sentido de Estado. Los segundos por puro cálculo electoral. Solo les ha faltado añadirse a la manifestación en Madrid contra Pedro Sánchez convocada por Ciudadanos rápidamente secundada por PP, Vox y otras formaciones menores de extrema derecha. Y muy hábilmente Inés Arrimadas se ha apresurado a invitarlos.

A las puertas de unas elecciones autonómicas en las que se juegan el Gobierno, los barones socialistas temen verse penalizados por la cuestión catalana. Han tomado buena nota del razonamiento de Susana Díaz cuando tras los malos resultados en las elecciones andaluzas afirmó haberse equivocado hablando solo de Andalucía y no hablando de Catalunya en campaña. Esos dirigentes no tienen el más mínimo interés en que Pedro Sánchez trate, con mayor o mejor fortuna, de gestionar políticamente la mayor crisis que ha afrontado el Estado. Es la izquierda ‘¿qué hay de lo mío?’ que se desentiende de los asuntos comunes y a la que solo le preocupa como puede verse afectado su negociado, ignorando que competir en un terreno que no es el suyo no le va a reportar buenos resultados.

Y al final no va a haber ni relator, ni mesa de partidos,  ni por descontado Presupuestos. Solo un PSOE más dividido y un Pedro Sánchez nuevamente cuestionado.  Y una manifestación unitaria de la derecha a modo de gran fiesta de inicio de campaña. Y también algunos daños colaterales como la candidatura de Manuel Valls, quien habiendo anunciado que asistirá el domingo en Colón corre el riesgo con ese gesto de desandar el camino andado: lleva meses tratando de marcar perfil propio, centrándose en Barcelona,  huyendo de la polarización y del marco procesista y buscando otras sombras bajo las que cobijarse además de Ciudadanos. El peligro es que todo ello haya sido en vano y al final, paradójicamente, quede atrapado por una foto con Vox, el principal exponente en España de la idea a la que tanto ha combatido.