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Imagen de una pantalla con la oferta audiovisual de varias plataformas de televisión por streaming.

Avalancha

Mikel Lejarza

Todo comenzó con Movistar a través del satélite, después fue Netflix en puro ‘streaming’, pero luego han ido llegando HBO, Amazon, Filmin, Rakuten, Sky… Y a finales de año lo harán Warner, Disney aliada con Fox y Apple. Sumen ante toda esta avalancha de grupos de distribución de contenido audiovisual a YouTube, las cadenas generalistas agrupadas en Loves, y el panorama presenta una oferta de no menos de una decena de plataformas al alcance de los ciudadanos. Si no hace mucho asistíamos a una dura competencia entre TVE-1 y La 2, la Forta, Antena 3, Tele 5, La Sexta, Cuatro y algunos pequeños operadores privados más, aquella disputa entre 10 canales, ahora se ha convertido en un partido con el mismo número de competidores, pero habiendo cambiado de canales a plataformas de contenidos.

"La disputa ya no es entre programas concretos, sino entre servicios plenos"

Antes nos poníamos delante de la pantalla del televisor en el día y la hora en que un canal emitía nuestro programa favorito; ahora las plataformas compiten entre ellas para ganarse nuestra confianza bajo la premisa de que si nos abonamos, ellas se encargan en base a su amplia oferta, de poner a nuestro alcance siempre algo que será de nuestro agrado. Es decir, mismo número de competidores, pero ya la disputa no es entre programas concretos, sino entre servicios plenos. Una plataforma debe de garantizar a sus abonados que, independientemente de donde estén, y del humor que tengan, bastará con que enciendan su pantalla preferida, que allí tendrán siempre algo que les guste. Y la única manera de asegurar esto es con una oferta enorme de contenidos que, además, hay que renovar constantemente. Conclusión: las plataformas necesitan comprar o producir una cantidad de series y películas como nunca antes se había dado en la historia del audiovisual. Y esto acarrea nuevas consecuencias. La primera es que, para competir en dicha jungla, todo el mundo necesita de contenido original y propio.

El problema es que no hay tantas buenas ideas, ni guiones, ni directores, ni actores..., para tanta ficción

Netflix ha anunciado que quiere poner al alcance de sus abonados al menos un estreno semanal procedente de las productoras latinoamericanas, de las que considera que una buena media sería que al menos una vez al mes fuera una ficción española. Es decir, unas 12 series anuales. Movistar+ ya alardea de sus 10 series anuales. Amazon y HBO están calentando motores, formando equipos y desarrollando proyectos y en algún caso hasta rodándolos. Con una coyuntura así es fácil imaginar que de la docena de series que la industria española producía anualmente, vamos a pasar a más de 50 con cierta facilidad. ¡Por fin buenas noticias!

El problema reside, como en toda crisis de crecimiento, en que no hay tantas buenas ideas, ni guiones, ni directores, ni actores, ni productores capaces de asumir con buen nivel de producción una cantidad tan abundante de productos de ficción. De ahí vendrá una inflación en salarios y costos del producto incontrolada y que las plataformas no podrán mantener, a lo que se añadirá la misma incapacidad por parte de los televidentes para consumir todo el producto a su alcance. Sumen ambos factores y el resultado serán ficciones cada vez más caras y muchas con seguimiento escaso, lo que provocará que las más exitosas se encarezcan aún más. Las avalanchas son rápidas y trasmiten energía, pero nunca construyen nada duradero.