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Al contrataque

May, durante un discurso en Belfast, este martes. 

EFE / AIDAN CRAWLEY

Ya es tarde

Ana Pastor

Ganaron el referéndum del 'brexit' con las tripas. Y mintiendo. Pero también escuchando y dirigiéndose a quienes otros habían ignorado

“Esta ola empezó hace 20 años. Y no la vimos venir. Su campaña empezó también en ese momento. Y ahora... ya es tarde”. Craig Oliver, director de comunicación del exprimer ministro británico David Cameron, pronuncia esta derrota en forma de frase en una de las escenas claves de la película 'Brexit: the uncivil war'. Lo dice mientras el plano de la cámara se va abriendo y una televisión de fondo retransmite un enfrentamiento real en el Támesis entre el barco del cantante Bob Geldof y el del líder del Ukip, Nigel Farage.

El personaje de Oliver, real, trata de explicar a una colaboradora que a unos días de que se celebre el referéndum para salir de la Unión Europea no se podrá cambiar una dinámica que lleva años instalada en el Reino Unido y enraizada en lo más profundo del país. La película es toda una crónica contemporánea del tiempo que nos ha tocado vivir y que bien podría haberse ambientado en Catalunya, Andalucía, Brasil o Francia. Uno de los éxitos de la campaña para abandonar la UE fue el uso de datos a través de empresas tecnológicas de cientos de miles de ciudadanos británicos. Este asunto, ya más analizado en la prensa internacional, ha tapado otro quizá más preocupante: los tres millones de personas que no participaban de la vida política en las últimas décadas, que nunca habían sido escuchadas por los principales partidos y cuyas preocupaciones no eran objeto de deseo de nadie. Tampoco de los medios de comunicación.

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En esa zona en tierra de nadie plantaron su bandera los del 'brexit'. Explotaron al máximo, y sin medir las consecuencias, todo lo que tiene que ver con la inmigración y el malestar económico. Golpearon donde más dolía, hicieron creer a esos tres millones de personas que todo se hacía por ellos y, sobre todo, mintieron. Basaron gran parte de su campaña en premisas falsas que activaron tecla desconocidas. Pulsaron el botón del odio al desconocido, al diferente.  Provocaron un goteo ininterrumpido de odio y miedo que nadie ha querido contrarrestar.

En otra escena vemos al personaje que interpreta a Boris Johnson subiendo al autobús de campaña y una joven le dice que tiene miedo porque se ha enterado que si permanecen en Europa llegarán al Reino Unido 70 millones de turcos. Johnson le responde contrariado que eso no es posible porque esa cifra es la población completa de Turquía. La chica le responde que lo ha leído en la octavilla que el equipo del político está repartiendo en ese acto. Ganaron el referéndum con las tripas. Y mintiendo. Pero también escuchando y dirigiéndose a quienes otros habían ignorado. Responsabilidades compartidas. Una ola que comenzó hace 20 años. Sitúenla en Madrid, Barcelona, Sevilla, Londres, París o Brasilia. Y échense a temblar.