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El tablero político catalán

Pedro Sánchez y Quim Torra, durante la reunión en el Palau de Pedralbes el 20 de diciembre del 2018.

JORDI COTRINA

Lo mucho es poco con solo desear un poco más

Josep Martí Blanch

Más allá de las acusaciones de traición y el guerracivilismo verbal, lo sustancial es que hay alguien dispuesto a arriesgar en la mesa de juego de la política. Arriesga Sánchez y arriesga Torra

Lo mucho se vuelve poco con solo desear un poco más, dejó escrito Quevedo. ¿Es poco o mucho el relator? Mucho, viendo a la ministra portavoz, Carmen Calvo, defendiendo su existencia (aunque quitándole valor) ante las acusaciones de alta traición a España del PP i CS, que aspiran a convertir Madrid en la Caracas de Europa, y buena parte del PSOE que también convulsiona con este tema.

Poco, desde la perspectiva de una Generalitat que considera que todo lo que no sea situar el derecho a la autoderminación en el centro de la mesa no lleva a ninguna parte y ha de servir para más bien nada.

Pero más allá del ruido, del griterío, de las acusaciones de traición y el guerracivilismo verbal, lo sustancial es que hay alguien dispuesto a arriesgar en la mesa de juego de la política. Arriesga Sánchez y arriesga Torra. Porque ni al primero le van a perdonar que reconozca abiertamente la existencia de un conflicto político en Catalunya al que solo puede encontrarse solución desde la política, ni al otro le va a salir gratis tampoco que acepte un camino de diálogo en el que de entrada no va a hablarse ni de autoderminación ni referéndum.

Posibilidades ínfimas de avanzar

El margen es tan estrecho que puede que ni quepa un alfiler. Voces comprensivas con el malestar catalán, como es el caso de Iñaki Gabilondo, han calificado la existencia de ese relator o relatora como un gol por la escuadra de Quim Torra. Si, incluso desde la moderada racionalidad constitucionalista, se entiende un gesto como este en clave de gravísimo error, quiere decir que realmente las posibilidades de avanzar en algo que pueda llegar a ser sustancial son realmente ínfimas. La respuesta de Cs y PP es, por supuesto, la que se espera: llamadas a la guerra civil. Sin muertos, pero guerra civil.

Y, aun así, ahí está la política para recuperar alguno de sus valores clásicos en estos tiempos de antipolítica. Gestualidad y riesgo ante un problema. Y ahí, en el reconocimiento abierto de la existencia de un conflicto grave es donde radica el mayor mérito del ejecutivo de Sánchez. Poca cosa, porque en el fondo significa tan solo que se acepta la realidad como es. Cierto, pero no lo es menos que hasta la fecha no se había hecho.

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Nadie puede exigir al soberanismo que abandone su proyecto. Y nadie está en condiciones de exigir al constitucionalismo que se abra de par en par a la celebración de un referéndum. Pero sobre esta certeza, sí es exigible que quienes están al frente de las instituciones se fajen y hagan su trabajo. Sin abandonar a los suyos, entender que el sano liderazgo pasa por asumir riesgos para mover posiciones que nunca son definitivas y que siempre son revisables cuando aparecen necesidades como, pongamos por caso, la necesidad de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado.

No hay motivos para ninguna clase de optimismo que vaya más allá de ese tomar nota que, por fin, alguien está dispuesto a seguir sentado en la mesa y a pedir que se repartan cartas porque quiere jugar, aunque de momento solo se permita apostar la calderilla. Lo mucho es poco con solo desear un poco más, cierto. Pero lo poco también puede ser mucho ante tanta necesidad. Que sigan barajando Miquel Iceta Elsa Artadi. Y a lo mejor, quién sabe, un día llegan partidas mejores. A fin de cuentas, 'siempre' y 'nunca' son las dos palabras más traidoras del diccionario.