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ANÁLISIS

Trump ratificó su reconocimiento al Gobierno legítimo de Venezuela y al diputado Juan Guaidó como nuevo presidente interino de ese país.

Doug Mills (EFE)

El peso de la democracia sobre Trump

Carlos Carnicero Urabayen

La fortaleza de la democracia no debería admitir chantajes y caerá sobre el presidente de EEUU

Trump sigue siendo fiel a sí mismo. Sigue actuando como el 'showman' que nadie pensó que llegaría a la Casa Blanca. Pero algo ha cambiado: a pesar del poder que proyecta liderar la primera potencia del mundo, Trump no tiene todo bajo control, como cuando vendía ladrillo y recetas para los negocios rápidos en 'prime time'. Huele el peligro y se le ha notado en su discurso del estado de la Unión.

Los demócratas le muerden los tobillos. Tienen apetito para más, pero miden bien sus fuerzas. Propulsados por su mayoría en la Cámara de Representantes, la oposición quiere terminar con las horas más bajas en las que ha caído la democracia norteamericana, pero no tienen todavía la receta para lograrlo. No suman votos para el impeachment.

Ahora, quien tiene el mazo para ordenar el debate del estado de la Unión es Nancy Pelosi, demócrata, una de las mujeres más veteranas y brillantes de la política norteamericana. Pelosi aplaudió levemente a Trump --en realidad, un beneplácito envenenado-- cuando el presidente hacía referencia en su discurso al “potencial ilimitado de la cooperación, el compromiso y el bien común”. Los diputados republicanos y muchos demócratas secundaron los aplausos de Pelosi.

Los llamamientos a la unidad de Trump esconden sus miedos y exigen una contrapartida insoportable: “Si queremos paz y legislación, no podemos tener guerra e investigaciones. Debemos estar unidos en casa para derrotar a nuestros enemigos en el exterior”, dijo el presidente, como si se pudiera condicionar la acción de la justicia al deseable entendimiento de todas las fuerzas políticas en las cuestiones clave para un país.

Argumentos neopopulistas

Además de engañosos llamamientos a la unidad, Trump lanzó sus conocidos argumentos neopopulistas, contra el aborto, los derechos del colectivo LGTBI y por supuesto la inmigración, sinónimo de delincuencia, según el presidente. Y volvió a apelar a su muro, la construcción que resolverá mágicamente todos los problemas de seguridad del país que tiene todavía una extraña y atávica política de “armas para todos”. Pero el muro de Trump depende ahora de una mayoría que los demócratas le arrebataron en el Congreso.

Una novedad en política exterior: Trump confirmó que los próximos días 27 y 28 de febrero se celebrará una segunda cumbre con el presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, para profundizar en la desnuclearización del país comunista. La primera reunión fue una operación de márketing sin resultados concretos, pero el diálogo en sí mismo resulta esperanzador dado el nivel de fanatización y armas de que dispone el presidente norcoreano.

La fortaleza de la democracia no debería admitir chantajes y caerá sobre Trump. El fiscal Mueller continúa sus investigaciones sobre la trama rusa que persigue al presidente desde su victoria electoral. Algunos de sus colaboradores están en la cárcel. En todo caso, los demócratas no deberían olvidar que es posible que Trump sea de nuevo su rival en el 2020 y ya sabemos que no se le dan precisamente mal las campañas electorales.