Ir a contenido

OPINIÓN

Messi, en el banquillo, en la primera parte del Barça-Madrid de Copa.

Coutinho, el futbolista seco

Albert Guasch

Enfocado por las cámaras en el banquillo, Leo Messi aparecía jugueteando y dando golpecitos con un botellín. Justo lo que aparentaba necesitar el equipo, tan seco de creatividad: un poco de agua, un poco de ayuda, un poco de Messi

Fútbol destartalado es el que se vio sobre el césped antes de que compareciera el argentino. Una versión flácida, de ocasiones atropelladas, ideas confusas, reducido el equipo azulgrana a la voluntad de Semedo y la efervescencia de Malcom, la inesperada carta de Valverde en el partido de ida.

El brasileño se encontró con una nueva oportunidad y el chico de la sonrisa franca respondió con las ganas que se esperaban de él. Suyo fue el protagonismo atacante hasta que fue reemplazado. Bien por él, premiado por el gol, pero insuficiente para el conjunto. Sin Messi, se esperó y esperó algo de Coutinho. Que pedaleara por el otro costado. Que también desequilibrara. Nada. La parquedad, la timidez, el silencio. Irremediablemente, el abrasante foco de la sospecha se mantendrá sobre él en los días venideros.

Coutinho es uno de esos casos que constatan que el fútbol esconde sorpresas que contradicen certezas. Coutinho gustaba a cualquiera que le hubiera seguido en el Liverpool. Comandaba el ataque de los 'reds' con la autoridad de los gigantes. Desbordaba y decidía duelos de Premier, que no se juegan a cámara lenta, precisamente. Un futbolista imaginativo que hacía que sucedieran cosas relevantes.

Fue un fichaje caro, eso resultaba evidente, pero si sobraba el dinero, parecía una magnífica y exquisita elección. En eso había consenso universal. Ahora, con el tiempo, va pareciendo un despilfarro de proporciones peninsulares. ¿Por qué no despega? ¿Por qué no se sacude ese semblante melancólico de una vez, ese juego incompleto? Quizá haya explicaciones conocidas a puerta cerrada. Quizá forma parte de esos misterios insondables que esconde este deporte.  

Entró Messi y él se marchó. No cambió el marcador, que ya mostraba el empate. Cambió el ritmo del equipo durante un rato. Cambió el estado de ánimo del estadio. Como si la alegría reemplazara a la tristeza. A Coutinho se le ha drenado el fútbol y la confianza en sí mismo. Es un jugador seco, deshidratado. Precisa algo de ayuda, algo de agua, que es bueno. ¿Se sobrepondrá?