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Una guardería, en una imagen de archivo.

Una guardería, en una imagen de archivo. / NÚRIA PUENTES

El Gobierno aprobó en los Presupuestos de 2018 el llamado “cheque guardería”, que permitiría a las madres trabajadoras reducir el gasto en guarderías en 1.000 euros al año. ¿Cuáles son las características de esta medida, y qué efectos tendrá?

El curso pasado había unos 470.000 niños matriculados en centros de educación infantil de primer ciclo (públicos o privados). Es decir, que el coste anual de esta medida se puede estimar en algo menos de 500 millones de euros al año, si todas las madres la solicitaran al completo. Para las familias, esta ayuda cubriría una parte importante de los gastos anuales en guardería. El precio de las guarderías varía bastante entre regiones y municipios, así como según la titularidad del centro. Si suponemos un coste mensual de 300 euros durante nueve meses, la ayuda cubriría más de un tercio de los 2.700 euros anuales. Si a esto sumamos la deducción de 1.200 euros en el IRPF para madres trabajadoras con hijos menores de 3 años, el Estado subvenciona en torno al 80% del coste de la guardería.

Esta nueva ayuda recuerda al cheque bebé de Zapatero, que ofrecía 2.500 euros por nacimiento o adopción, sin condicionar al empleo de la madre o al uso de guardería. En España nacen unos 400.000 niños al año, con lo que el coste anual de la ayuda cancelada en el 2010 sería en la actualidad de unos 1.000 millones anuales. Con las diferencias de que aquella ayuda se recibía de una vez (el cheque guardería se puede solicitar cada parte en varios años), y también la percibían las madres no empleadas.

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¿Qué efectos podría tener la nueva ayuda? En primer lugar, se trata de una transferencia directa de renta para las familias que utilizaron guarderías el año pasado. Esto lo notarán en especial las familias con niveles de ingresos más bajos. En segundo lugar, si los hogares anticipan que esta ayuda se mantendrá en los años siguientes, la nueva medida podría incentivar un mayor uso de las guarderías, y una mayor participación de las mujeres con hijos menores de tres años en el mercado laboral. Cuantificar este efecto por anticipado es difícil, ya que depende de cuántas mujeres estén ahora “en el margen” de buscar trabajo debido al coste de las guarderías.

Por último, es relevante preguntarse por el coste-efectividad de este tipo de políticas sociales, y en particular si transferencias de renta de este tipo pueden repercutir en beneficios a corto y largo plazo para el bienestar y el desarrollo de los niños, particularmente aquellos en hogares de bajos ingresos. No es difícil concluir que una ayuda de esta (limitada) magnitud podría notarse en los hogares más desfavorecidos, seguramente no tanto en los más afluentes. Si la ayuda afectara a la participación laboral de la madre y el uso de guarderías, el cheque guardería podría afectar también al desarrollo cognitivo de los niños, en la medida en la que estos harían un uso más temprano del sistema educativo. Investigaciones recientes sugieren que los efectos de la educación infantil temprana también pueden ser más positivos para los niños procedentes de entornos más desfavorecidos.