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Messi durante el Barça-Valencia en el Camp Nou.

REUTERS / ALBERT GEA

Una Copa para que descanse el rey

Sònia Gelmà

Después de haber vivido varios clásicos del siglo o incluso del milenio, las molestias de Messi requieren perspectiva

Después de haber vivido varios clásicos del siglo o incluso del milenio, las molestias de Messi requieren perspectiva. La Copa parece importar mucho en el presente inmediato, especialmente para un Madrid que viene en clara ascensión y para el cual esta eliminatoria puede suponer la confirmación de su buen momento. Para el Barça, en cambio, dominador en Liga, este emparejamiento aparece para distorsionar, para endurecer el calendario y complicar el orden de prioridades establecido a principio de temporada por el mismo Messi. 

El encanto de jugar un clásico, la magia del escenario, la ilusión que genera en el entorno, puede llegar a confundir las prioridades: que el objetivo inmediato se imponga respecto al global. Este equipo puede aspirar al triplete y ya lo ganó, me dirán. Pero esa columna vertebral que forman Piqué, Busquets, Messi y Luis Suárez siguen cumpliendo años y la experiencia de las últimas temporadas demuestra que un duro invierno puede acabar pagándose en primavera.

Un once sin suplentes

Por eso, si dejamos de mirar las lucecitas que nos distraen, este clásico sigue siendo un partido de ida de un trofeo que el Barça ha ganado los últimos cuatro años y que, para un club grande, sirve para adornar una temporada pero nunca para justificarla. Una derrota ante el Madrid puede ser dolorosa, no puede ser tratado como un partido más y Valverde es consciente. No pondrá un once de suplentes. Pero a este equipo le van los retos, lo vimos ante el Sevilla, y el del miércoles debería ser el de poder dar la cara sin su estrella.

Sin Messi, el Barça pierde poder de intimidación, pero un Messi mermado en el campo puede ser contraprudecente

Sin Messi, el Barça pierde poder de intimidación. Pero un Messi mermado sobre el campo puede ser contraproducente. Porque aunque aún tocado genere más juego a su equipo que cualquier otro, su presencia acomoda al grupo: saben que tiene un comodín en el campo para rescatarles.

Si Messi no tuviera ninguna molestia, obviamente no habría debate. La cuestión es si es necesario que arriesgue el físico, que su presencia en el clásico impida que esté en San Mamés, un partido clave para la liga teniendo en cuenta que el día antes se jugará el derbi madrileño. Decidirá Messi, y estoy convencida de que lo sabrá valorar. Esta misma temporada ya ha demostrado madurez, por ejemplo en Milán, cuando asumió que aún era demasiado pronto para reaparecer tras su lesión.

Se puede ganar al Madrid sin Messi. Es más difícil, claro, pero el Barça lo ha hecho otras temporadas y lo hizo en octubre. Aquella lesión en el codo que dejó al capitán sin poder participar algunas semanas sirvió para que el resto de jugadores se responsabilizaran. No quedaba otra. Aquel ejemplo es el que nos permite ahora sugerir —disculpen el sacrilegio— que Messi no fuerce, que aunque las molestias sean mínimas, se reserve para San Mamés. El Barça puede afrontar un Barça-Madrid sin su rey.