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Análisis

Imagen publicada por la presidencia venezolana que muestra al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores, la jefa de la Asamblea Constituyente de Venezuela, Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, Vladimir Padrino, en la ceremonia militar para conmemorar el 27 aniversario de la rebelión militar y el Día Nacional de la Dignidad, en Caracas.

MARCELO GARCÍA (PRESIDENCIA VENEZOLANA)

Venezuela: escenarios peligrosos

Salvador Martí Puig

En una coyuntura en la que nada es descartable deberíamos esperar de la UE algo de cordura e independencia respecto de las decisiones de Trump

Los hipotéticos escenarios que se plantean hoy en Venezuela son cuatro. El primero es la “cubanización” del país, es decir, el repliegue económico y político del régimen esgrimiendo una agresión exterior. El segundo es “a la egipcia” simulando lo que ocurrió en Egipto durante la primavera árabe, donde el ejército optó por desbancar a Mubarak con el fin de mantener parte de su poder y negociar una leve apertura. El tercero es “a la polaca”, emulando el tránsito que guió el entonces presidente Jaruzelski para desmantelar el antiguo régimen comunista y ofrecer a la oposición y a la jerarquía de su partido una salida. Y la cuarta y última es un escenario “a la iraquí”, donde algunas potencias internacionales articulan una coalición con el fin de derrocar un régimen que no es de su agrado, a pesar del elevado costo humano y geopolítico que puede representar.

Frente a esta casuística cabe preguntarse cómo puede condicionar el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela por parte de una docena de países de la UE, sumándose al que ya le han efectuado Estados Unidos, Canadá y la mayoría de gobiernos latinoamericanos agrupados en el Grupo de Lima. En mi opinión esta decisión decanta la probabilidad de que se den el primer y el último de los escenarios arriba señalados.

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El escenario de la "cubanización" es obvio, ya que cualquier gobierno del mundo que recibe amenazas externas activa la retorica nacionalista y apela la necesidad de hacer piña para resistir. El otro escenario “a la iraquí”, aunque parece improbable, no cabe descartarlo. No se puede obviar un escenario “a la iraquí” porque si el reconocimiento de Juan Guaidó supone que los gobiernos que lo apoyan le dan recursos en concepto de “ayuda humanitaria”, este tendrá que hacerla efectiva de alguna manera y necesitará espacios físicos (territorio) para organizar la logística.  Y estos espacios solo pueden ser los territorios fronterizos de Colombia y Brasil, cuyos presidentes Duque y Bolsonaro están más que dispuestos a ofrecer.

En el caso que se diera este último escenario, el gobierno de Venezuela podría interpretar fácilmente que sus vecinos le agreden y no sería descabellado prever el inicio de una escalada militar. Con ello se abriría una dinámica bélica que recuerda a la guerra fría y, en concreto, a la crisis centroamericana de los años 80, donde las dos potencias hegemónicas se peleaban en (y a través) de los pequeños países del istmo. Recuérdese que en esos años el Congreso norteamericano aprobaba partidas millonarias en concepto de “ayuda humanitaria” que iban a las manos de la 'contra' nicaragüense afincada en Honduras, y que la mayor parte del gasto era para armamento.

Lo aquí expuesto parece demencial, pero si tenemos en cuenta que Venezuela es uno de los países con mayores reservas de petróleo del mundo y que el presidente de los Estados Unidos es impredecible, nada es descartable. En esta coyuntura deberíamos esperar de la UE algo de cordura e independencia respecto de las decisiones de Trump.