Ir a contenido

MIRADOR

Manuela Carmena prepara magdalenas.

Instagram

Magdalenas y ambición política de Carmena

Gemma Robles

La alcaldesa ha enervado con el plan para extender junto a Errejón su proyecto local a la Comunidad

Los que fomentaban su imagen de dócil y amable hablan ahora de traición, ante lo que la jurista sonríe

"Iñigo no es Manuela". Esa frase tan obvia como hiriente para uno de los mencionados fue escrita por Pablo Iglesias el 17 de enero. Errejón, ese Iñigo que no es Manuela (Carmena), acababa de anunciar que concurriría a las autonómicas de mayo con la plataforma creada por la alcaldesa, ‘Más Madrid’, y no con su organización. La noticia abrió heridas del pasado mal cosidas en el partido morado y evidenció otras nuevas aún más sangrantes. Desde entonces no hay jornada en que esta crisis no ofrezca detalles sorprendentes, como viene relatando este diario, con la lupa ahora en el segundo asalto en que están inmersos Iglesias y Errejón: tras los ataques iniciales, llega el intento de negociación preelectoral. Tan complejo como interesante. 

Capítulo propio o libro completo merece el papel de Carmena en este terremoto político. Porque Iñigo no es Manuela, no (expresión con que Iglesias justifica que Podemos no presente rival a la alcaldesa en el ayuntamiento, aunque es posible que sí a Errejón en la región), pero Manuela tampoco se reduce al personaje amable y dócil que los que la animaron a ir a las urnas pensaron que era. Es mucho más. Para bien y para mal. Su imagen de profesional en edad de jubilación, que regala magdalenas a sus adversarios y que lleva hechos de casa platos con las que agasajar a invitados en el Palacio de Cibeles, es real. Tanto como la de la mujer con ambición de influir en la política madrileña más allá de las fronteras de lo municipal, lo que ha enervado –y preocupado- a partidos de corte tradicional.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Carmena sonríe ante tanto aspaviento. Los primeros llegaron por su decisión de cumplir a rajatabla su aviso de que si repetía, elegiría del primero al último los integrantes de su lista. Y que reinarían sus normas. Era eso o el adiós. Iglesias lo escuchó de su boca. A algunos les pareció que eso era imponer, no negociar.  Seguramente ellos, como Iglesias, pensaron que Madrid bien valía el sacrificio y que, tarde o temprano, se hallarían atajos para que gente de su confianza –como el exJemad Julio Rodríguez- ganaran peso en esa candidatura. Que había que garantizarse la mejor aspirante posible. Que ya reconquistarían terreno. No ha sido así. De hecho, ha sido peor que la peor de las pesadillas políticas del jefe de Podemos porque Carmena no le dará ni agua en lo local (como Ada Colau) y, además, le ha roto los esquemas anunciando que expande su proyecto a la comunidad, de la mano de Errejón.

El entorno de la alcaldesa habla de hartazgo. Y de fórmulas ganadoras. En Podemos o en IU hay quien apunta a traiciones y apropiación del mérito ajeno. "Ella se ha llevado todos los titulares". Sí. Los malos, también. La reputada jurista se presentó a las elecciones de 2015 con Ahora Madrid, una variopinta amalgama de izquierda madrileña. Antes de tener despacho oficial Carmena, que fue abogada laboralista próxima al PCE y CC.OO y aprendió de sus cuitas, supo que un equipo que le vino dado le daría dolor de cabeza. Así fue. Ahora es ella quien provoca jaquecas.