10 jul 2020

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MIRADOR

Pepu Hernández en el 2010. 

DAVID CASTRO

Aterriza como puedas

Cristina Pardo

Elegir a las personas básicamente por su nivel de popularidad entraña muchos riesgos

Pedro Sánchez va a presentar este domingo la candidatura de Pepu Hernández para el ayuntamiento de Madrid. El exseleccionador de baloncesto tendrá que someterse a las primarias de la federación socialista más compleja del territorio. En el pasado del PSM hay de todo: candidatos expulsados a los que les cambian la cerradura del despacho para que no puedan entrar, candidatos orillados porque cambia el líder nacional, candidatos echados a perder por diputados díscolos que se ausentan del pleno de investidura, candidatos que nadie sabe que son candidatos… En fin, un cuadro.

Solo y en pelotas

Pepu Hernández tiene el apoyo claro de Ferraz, frente al resto de participantes en las primarias. Tratándose del PSOE, esa no es garantía suficiente. En todo caso, nada más llegar, ya le han sacado sociedades instrumentales y paralelas de Hacienda. Es lo que hay. Cuando uno da el paso y entra en la vida pública, está solo y en pelotas. No ha sido un buen comienzo el silencio del elegido de Sánchez, porque ni siquiera se ha molestado en comparecer para dar explicaciones. En esta época que nos ha tocado vivir, sorprende el empecinamiento especialmente intenso de los partidos por situar en la primera línea a personas que han sido muy buenas en lo suyo, pero que no necesariamente tienen que ser capaces para todo lo demás. Pepu Hernández puede tener cierto tirón, yo no digo que no, pero la portavoz del Gobierno, en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros, no se sabía ni su nombre (“Es Pepu, no Pepo, ¿no?”).

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Elegir a las personas básicamente por su nivel de popularidad entraña muchos riesgos. El último ejemplo fue Ruth Beitia, también deportista. Pablo Casado la eligió a dedo para ser candidata en Cantabria. Ha durado dos semanas, porque tenía que hacer frente a un partido dividido, a una auténtica carnicería interna, y a una exposición pública que exige cierta solvencia general. El día que defendió cambiar la ley de violencia machista alegando que las mujeres, los hombres y los animales deben recibir el mismo trato con el argumento de que “todos somos seres humanos”, se notaba que tampoco tenía mucha idea de en qué consistía la ley en cuestión. Nadie sabe de todo. Pero es evidente que algunos paracaidistas de la política han tenido mejor intención que aptitud para la cosa. Entre otras virtudes, hay que ser muy hábil y tener picardía.

Javier Arenas fue un día de visita a Villafranca de los Barros (Badajoz), donde había una polémica local, creo que con una depuradora. A su llegada, los periodistas le preguntaron por ello y Arenas contestó: “Tengo exactamente la misma opinión que el PP de Villafranca de los Barros. La misma”. Tiempo después, Arenas confesó a algunos periodistas que no sabía de qué iba la vaina ni qué opinaba el PP de la localidad, pero salió airoso. Ser conocido es un primer paso para ser candidato, pero no es ni mucho menos el único. Hay que saber, aguantar, templar. Y, desde luego, hay que huir de la sombra del dedazo. No se puede empezar peor.