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análisis

Benzema, que atraviesa un gran momento, fue decisivo. 

JOSEP LAGO

Todo pinta cada vez mejor

Antonio Bigatà

Cerca de Barcelona, en Cornellá, el Real Madrid pareció despertar en  la Liga. No fue muy significativo que ganase 2 a 4 al llamado Espanyol  porque la historia demuestra que los pericos nacieron sobre todo para darle placer. Pero en ese encuentro el presunto tontito Solari pareció estar construyendo por fin un equipo a partir del ya menos cansado Modric, la faena  a destajo que hace siempre Lucas Vázquez, la picardía del fútbol arrabalero que conserva Benzema, lo que los árbitros le consienten a Sergio Ramos y la ilusión virtual que despierta ese Vinicius que nadie sabe si llegará a ser alguien. Lo cierto es que en Cornellá el Madrid jugó bien. Pero tiene el problema de que cuando levanta el vuelo el Barça ya les lleva diez puntos y también va mejorando.

Klopp y Guardiola no han estado a la altura de lo que se espera de ellos/ RUI VIERIA (AP)

Fuera de nuestro país las cosas son un poco menos intranquilizadoras que hasta ahora para el mundo culé. En una sola semana se ha visto que tanto el Liverpool como el Manchester City son menos perfectos de lo que se creía y perdían merecidamente puntos en la Premier contra adversarios asequibles, la Juve quedó eliminada de la Copa de Italia por el vulgar Atalanta y en París las lágrimas por la nueva larga lesión de Neymar ahogan a los seguidores del PSG porque intuyen que este año tampoco. Si Messi aguanta y continúa cumpliendo su promesa solemne de intentarlo, y si el equipo le ayuda como en la noche del Sevilla, la Champions  y el triplete son perfectamente asequibles. Los equipos pluscuamperfectos de Europa son tan humanos como el Barça y ellos no tienen al futbolista argentino que en muchos momentos lo eleva a la categoría de divino.

Una inyección de moral

El partido de vuelta de la Copa borbona contra el Sevilla ha proporcionado una inyección de moral que puede pesar mucho a partir de ahora. Nunca se había visto un escandaloso 6-1 en una eliminatoria tan intensa y disputada, y aunque el Camp Nou pocas veces ha vivido tanto miedo como el sufrido en el momento que señalaron un penalti a favor de los andaluces que parecía decantar en contra la clasificación, el Barça ofreció quizás el encuentro más esforzado y bonito de la temporada. Tuvo, atención, tanto el fútbol como la suerte de los campeones en varias jugadas-clave. Brilló en técnica, táctica y esfuerzo.

Ernesto Valverde, en el Camp Nou durante el Barça-Eibar / JORDI COTRINA

Pero por encima de todo Valverde demostró que va ganando todos los  pulsos y que sus rotaciones son arriesgadas pero no suicidas. Está consiguiendo que reaccione Coutinho, el once encuentra puerta aunque Messi falle goles hechos y Suárez aún no está perfecto cara a puerta, la calidad de los dos porteros desmoraliza semana tras semana a los adversarios y a los comentaristas periodísticos contrarios, y el juego de conjunto demuestra ser eficiente ante los rivales sólidos aunque Busquets aún no esté al nivel de los años anteriores.

Si el Txingurri logra que el regreso de Dembélé tras su lesión sume todo lo que se espera, y si consigue por fin encajar a la vez a los 13 o 14 grandes titulares, este puede ser un año inolvidable. Aunque Valverde no tenga aspecto de preparador (físicamente parece más bien un españolito pequeño y 'chupao' de los que antes emigraban a Alemania) es el entrenador más grande que podía tener el Barça aquí y ahora. Da escalofrío pensar lo que podrá conseguir el equipo este año y lo que si él no se cansa podrá lograr el año que viene con De Jong y la vieja guardia tradicional todavía en condiciones.