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IDEAS

Frances McDormand, en la gala de los Oscar del 2018, recibiendo el premio como Mejor actriz. 

AFP / MARK RALSTON

La desazón ante una gala

Desirée De Fez

Qué sucede cuando una gala de cine te da cierta pereza. Pues nada. Las personas que pasan de esas celebraciones, muchas de ellas cinéfilas (una cosa no quita la otra), son legión. ¿Pero qué sucede cuando esa sensación es nueva? ¿Cuando algo que te hacía gracia deja de apetecerte? A mí me genera desazón (mal) y, a la vez, muchas preguntas (bien). No me refiero a sentirme fuera de esas galas porque no hayan nominado mi película favorita, o porque no hayan tenido en cuenta a cineastas que, objetivamente, dan sopas con honda a los que aspiran a premios. Eso me pasa siempre: ¿En serio que 'Quién te cantará' no está nominada al Goya a la mejor película? ¿Cómo es posible que 'Bohemian Rhapsody' aspire al Oscar a la mejor película y no la inmensa 'El reverendo'?

¿En serio que 'Quien te cantará' no está nominada al Goya a la mejor película?

Ni siquiera me refiero a sentirme fuera porque me parezca un año flojo para el cine susceptible de ser premiado. Me refiero a estar fuera porque no entiendes nada... o entiendes poco. Me pasó con los Globos de Oro y me está pasando (en grados distintos, de diferente manera) con los Goya, que se celebran este sábado, y con los Oscar, para los que hay que esperar al 24 de febrero. No entiendo el fervor por algunas películas, no concibo olvidos estrepitosos que van más allá de mis gustos, no consigo descifrar con quién sintonizan en gustos las diferentes academias.

Y, saliendo un poco de las películas, me tiene alucinada que presentar una gala se haya convertido en un desafío tan suicida que a 24 días de los Oscar no sepamos quién va a conducirlos. Es obvio que las ceremonias de premios cinematográficos han dejado gradual y definitivamente de ser meras celebraciones. No solo porque sus protagonistas hagan bien en aprovechar su visibilidad para lanzar mensajes reivindicativos y de denuncia. Han dejado de serlo porque su propia maquinaria ha sido contagiada por el caos y la desazón de los tiempos y por el desconcierto ante los cambios brutales en el sector. Dan pereza, sí, pero también es verdad que, cada una en su escala y su contexto, invitan más a hacerse preguntas sobre el estado del cine (o de una parte) que a aplaudir sus luces y criticar sus sombras. Y eso es más divertido (y tiene más sentido) que lo otro.