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Investigación a Ricard Calvo

Ricard Calvo durante una comparecencia en Lleida en abril del 2017.

ERC tiene un problema

Xavier Bru de Sala

El 'conseller' El Homrani se debería haber apresurado a demostrar transparencia, aclarar los hechos y dar explicaciones antes de que nadie las reclamara

Mientras otros lucen trajes lleno de manchas, los republicanos se jactan, hasta ahora con razón, de llevar la camisa aseada, límpida, impoluta, después de haber gestionado consejerías sensibles y con alto presupuesto. Cuando vas lleno de lamparones como otros, uno más da igual, pero la primera mancha, si llega a impactar sobre el blanco, es terrible, aparatosa, devastadora.

No asoma ningún indicio o sospecha de que nos encontramos ante un caso de financiación ilegal. Los datos que han aflorado sobre el exdirector general Ricard Calvo, sus incompatibilidades ocultas o ocultadas y sus adjudicaciones fuera de normativa, no parece que apunten a un caso de corrupción en el sentido de desviar dinero de todos a bolsillos particulares. Las denuncias de otros y las investigaciones de EL PERIÓDICO apuntan, y de una manera bastante clara, a favoritismos, falta de transparencia y mala gestión por parte de la conselleria de Afers Socials, que es la responsable de la atención a la infancia desvalida. Como mínimo, muy mínimo, se trata de chapuza. En un tema tan sensible como este, la chapuza no es nada fácil de perdonar, ni de justificar por las urgencias y los desbordamientos.

Contra los principios del partido

La ley de incompatibilidades es muy clara. Un número muy elevado de ciudadanos bien capacitados han debido renunciar a un cargo público que se les había propuesto porque provenían de empresas con intereses en el ámbito de su responsabilidad. Que a diferencia de ellos, Calvo aceptara el nombramiento ya contraviene no solo el espíritu de la ley, sino los principios de un partido que se presentaba como el campeón de las manos limpias y la camisa blanca.

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Cuando los sindicatos denunciaron irregularidades, Calvo dimitió y se abrió una investigación interna. La reacción de la 'consellera' Bassa fue de tapadera. Mal. Aunque duela admitir errores, los primeros interesados ​​en hacer luz deben ser los responsables políticos de ERC. El 'conseller' Chakir el Homrani se debería haber apresurado a demostrar transparencia, aclarar los hechos y dar explicaciones antes de que nadie las reclamara. Que la iniciativa la lleve la Oficina Antifrau y la Sindicatura de Comptes no dice nada a favor la propia 'conselleria', que se debería haber avanzado con presteza y ejemplaridad. Cuando un juzgado investiga pueden pasar dos cosas. El archivo de las diligencias o que se abra un proceso. En el segundo caso, la única manera que tiene un partido o una administración de quedar limpio es haber presentado la denuncia antes que nadie.

El 'conseller' de Afers Sociales y ERC disponen de dos opciones. La insólita, que es llevar la iniciativa, enseñar el bisturí y practicar una incisión donde toca y a la vista de todos. O la habitual, que consiste en ocultar la parte que nadie ha descubierto, oponer tanta resistencia como se pueda y que la oposición arrastre si puede. En bien de todos, y sobre todo para arrojar luz sobre los indicios de desbarajuste, improvisación y gestión nada modélica en atención a la infancia, la investigación de la 'conselleria' debería tener la primera y la más creíble de las palabras en este asunto, sean más graves o menos graves los hechos. Hay valor, pero tiene recompensa.