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Editorial

Luces y sombras en el rescate de Julen

La solidaridad y el esfuerzo casi heroico contrastan con la falta de ética con la que algunos medios han seguido la tragedia

Luces y sombras en el rescate de Julen

DANIEL PÉREZ (EFE)

El rescate del pequeño Julen Roselló, de 2 años, ha mantenido en vilo al país desde que el 13 de enero cayó por un pozo ilegal de solo 20cm de diámetro y 100 metros de profundidad en la localidad malagueña de Totalán. Estas dos semanas se han vivido momentos de todo tipo. Desde las iniciales quejas de los padres por la falta de recursos empleados hasta el seguimiento desproporcionado de medios de comunicación que han visto crecer la audiencia con el uso de la desgracia como reclamo informativo. Desde los bulos y las insidias vertidas en las redes, alguna incluso más allá de la mínima decencia exigible, hasta el ejemplo de coordinación y solidaridad de muy diversos efectivos que hablan de la necesidad de emplear todos los esfuerzos para atenuar la desolación de una familia que ya arrastraba otros dramas. La participación de la Brigada de Salvamento Minero de Hunosa, de guardiaciviles especializados en explosivos y en rescates altamente dificultosos, de los bomberos de Málaga y de los servicios sanitarios es el último eslabón de una cadena que ha contado con múltiples colaboraciones: desde la creación de una plataforma de trabajo después de haber rebajado el terreno en 22 metros hasta la construcción y el encamisado, en tiempo récord, de un túnel vertical en paralelo y de la cápsula y el ascensor para el descenso de los mineros, pasando por todo un pueblo volcado en otras tareas logísticas.

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La dificultad del terreno y las condiciones extremas en las que han tenido que trabajar los expertos (con riesgo de su integridad física) nos hablan de una empresa casi heroica, con una idea expresada por ellos mismos: "En la mina no se queda ni un minero, y en estos momentos Julen lo es". El trágico y previsible desenlace es, a la vez, un ejemplo de integridad humana, de lucha contra las adversidades y la fatalidad. Llegados aquí, sin embargo, toca reflexionar en profundidad sobre el amarillismo que una vez más, como ocurrió con Gabriel, el niño asesinado en Níjar, se ha cebado en la tragedia con intensidad y tremendismo y con fines nada altruistas. Una denuncia esta que también lanzaba el Colegio de Periodistas de Andalucía, sobre todo contra el tratamiento nada ético ni deontológico de algunas TV. Y también conviene indagar, como ya han anunciado los juzgados de Málaga, sobre la perforación no autorizada, sin el proyecto técnico ni los permisos correspondientes, y depurar responsabilidades para evitar otros episodios similares.