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IDEAS

Un fotograma de ’Vida privada’, de Tamara Jenkins

El exotismo de las películas con personajes

Desirée De Fez

Te he conocido. Me has caído bien y/o mal. Sé cosas de ti; con algunas me identifico, con otras, no. Me gustaría saber qué va a ser de tu vida ahora. Me voy a acordar de ti un tiempo. Podría decirle esto a los personajes de dos películas extraordinarias. Una es 'El blues de Beale Street', el melodrama racial de Barry Jenkins que se estrena este viernes. La otra, 'Vida privada' de Tamara Jenkins (en Netflix), sobre una pareja de 40 años que desea quedarse embarazada. Son películas distintas, pero comparten algo que debería ser normal y, sin embargo, en el 2019 resulta exótico: tienen personajes.

El cine actual rechaza los personajes complejos, por eso resultan distintas 'El blues de Beale Street' y 'Vida privada'

Es obvio que hay excepciones, pero tengo la sensación -más aún viendo la mayoría de las películas que han trascendido (a nivel popular) estos meses y encabezan las nominaciones a los premios más importantes (también a nivel popular)- de que parte significativa del cine actual rechaza (o simplifica) los personajes complejos. Para llegar a un personaje en condiciones hay que zamparse doscientos intercambiables, resueltos con dos adjetivos, al servicio de una acción que muchas veces ni siquiera activan ellos y, como mucho, dotados de un valor simbólico que molesta por simplista. Entre el año pasado y lo que va de este nos hemos zampado unos cuantos. Por eso resulta tan insólito y conmovedor encontrarse con personajes como los de 'El blues de Beale Street' y 'Vida privada'.

La escritura de unos y otros es distinta, aunque en ambas películas la completa la inmensa interpretación de los actores, a los que los dos Jenkins (hasta ahora no había caído en que se apellidan igual) otorgan una mezcla de responsabilidad y afecto abrumadora. En 'Vida privada' el peso está en la palabra, entre otras cosas en diálogos brillantes. En 'El blues de Beale Street', la concisa y delicada caligrafía visual del director completa a los personajes (esa utilización del primer plano). Cada autor abraza a sus personajes de forma distinta, pero ambos saben que son importantes. Por eso son complejos, imperfectos, contradictorios. Por eso tienen planes y secretos. Por eso a veces nos caen bien y otras no. Por eso sus historias no acaban con los títulos de crédito.