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Aprender de los errores

Inútiles

TRINO

Inútiles

Rosa Ribas

Estaría bien relajarse un poco y dejar de pensar en todo lo que hacemos o podemos hacer mal

La vida ya era bastante complicada antes de que aparecieran los libros de autoayuda con sus promesas profusamente fotografiadas de vidas apacibles, ordenadas, espirituales, sanas o realizadas. La vida ya era bastante complicada antes de que todavía nos estresaran más los artículos que tanto proliferan, sobre todo en los suplementos digitales, que se dedican a echarnos en cara todo lo que hacemos mal en nuestro día a día.

Suelen llevar títulos como 'Cinco cosas que nunca debes hacer cuando preparas arroz', 'No usas bien la lavadora. Los 10 errores más comunes', 'Los siete alimentos que nunca deberías comer juntos', 'Los errores más perniciosos al ventilar una casa', 'En qué te equivocas al elegir un vino', 'Te atas mal los zapatos y no lo sabes'. Bueno, este último me lo he inventado, pero seguro que está al caer. Será entonces el momento de encarar la cruda verdad de años y años maltratando inocentes cordones, ofendiendo a la estética y poniendo en evidencia a nuestros padres porque no nos lo enseñaron bien.

Estrategia cuyo objetivo es conseguir clics

Sí, ya sé que se trata de una estrategia de márketing y que ni siquiera es especialmente sutil o compleja, que no es más que un anzuelo cuyo objetivo es conseguir clics. Y aun así reconozco que a veces pico y entró en estas páginas. Como reconozco también que me provoca unos segundos de satisfacción descubrir que, de las siete cosas que se pueden hacer mal según el texto, solo cometo tres. De modo que las restantes las declaro de inmediato secundarias y las ignoro. Seguramente existe también un artículo que nos explica qué es lo que hacemos mal cuando leemos artículos sobre las cosas que hacemos mal. Lo más probable es que ese artículo afirme que, al fijarme solo en lo que hago bien, lo estoy haciendo mal, muy mal.

Un buen ejercicio de masoquismo podría consistir en hacer una recopilación de estos textos y aplicarlos en la rutina diaria. El resultado podría quedar así: te levantas de la cama y lo haces, por supuesto, mal, tras dormir mal por culpa de los siete errores que cometes al acostarte. Te duchas mal, te lavas mal el pelo, te lo secas aún peor… Lo de preparar el café es un desafío difícil de afrontar a esas horas, de modo que ya das por hecho que lo haces mal. El desayuno es un campo minado del que no te libra ninguna maniobra de evitación, puesto que –lo dicen absolutamente todos los artículos– no desayunar entra ya en la categoría de pecado capital. Te cepillas los dientes con la culpabilidad de saber que los estás condenando a muerte. Y lo de vestirse es ya feudo de seres superiores e iluminados. Todo esto antes de salir a la calle. No has pisado la acera y tu vida es un fracaso.

Parece que nos hemos vuelto muy torpes de golpe

La presión aumenta para aquellas personas que se enfrentan a retos que crean inseguridades miedos porque están asociadas a mucha responsabilidad, como criar a los hijos, hacerse cargo de una persona mayor o cuidar mascotas. Las opciones de cometer errores son inabarcables. Como los son los campos a los que los autores de estos textos dedican su malévola atención. Nada ni nadie están a salvo de gurús y expertos en la materia que le digan que lo está haciendo mal, rematadamente mal.

Parece que de golpe nos hemos vuelto todos muy torpes, que ya no sabemos hacer de manera correcta ni lo más elemental; más aún, parece que llevamos años haciéndolo todo mal sin darnos cuenta. Lo peor es que en la mayoría de los casos los autores de los artículos no se limitan a enumerar nuestros errores, sino que además se recrean en describir las consecuencias de nuestras tremendas torpezas.

Y esto te lleva a pensar en el famoso efecto mariposa, ya saben, lo de que el aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en la otra punta del mundo. De ahí, que el siguiente paso sea plantearse cuáles serán las consecuencias mundiales de que hayas cometido tres de 'Los seis errores más graves al guardar la comida en la nevera'. Porque no tan solo se es responsable de lo que le pase a las pobres verduras almacenadas en el cajón equivocado y al pedazo de queso que quedó en el fondo, fuera de la vista. No. A saber si lo de Donald Trump es por tu culpa, porque siempre has metido los tomates en la nevera. ¡A quién se le ocurre!

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Bromas aparte, tal vez no estaría mal relajarse un poco, dejar de pensar en todo lo que hacemos o podemos hacer mal. No somos tan tontos ni tan torpes como nos quieren hacer sentir. Por lo general se aprende de los errores y la mejor manera de atarse los cordones de los zapatos siempre es la que te enseñaron tus padres.