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Tampoco es tan trágico

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Tampoco es tan trágico

Milena Busquets

Pasaban salió algo decepcionada al coronar el Everest, porque no era el cielo, y Gaspart de su primer viaje en metro, porque no era el infierno. Y es que el infierno y también el cielo son los otros

Hace unas semanas, en una entrevista en El Mundo, la maravillosa alpinista Edurne Pasaban, la primera mujer en la historia en haber logrado coronar la cima de los 14 ochomiles del planeta, contaba que al llegar a la cumbre del Everest sintió "una cierta decepción", pensó: "¡Ah! ¿Y esto es? Bueno, pues vale".

Y ayer, Joan Gaspart, el expresidente del Barça y presidente de Turisme de Barcelona, al llegar a Madrid y verse obligado a coger el metro a causa de la huelga de taxis, afirmó: "He cogido el metro por primera vez en la vida. Tampoco es tan trágico".

Edurne Pasaban llegó a uno de los lugares más increíbles y míticos de la tierra y no le pareció nada del otro mundo, Joan Gaspart pisó uno de los más anodinos, pero que él no había pisado jamás y que tal vez imaginaba como un infierno de oscuridad, gérmenes y personas amontonadas y no le pareció tan horrible.

Una imagen inusual

En el metro, alguien le hizo una foto genial a Gaspart sin que él se diese cuenta. En ella aparece absorto y concentrado, como si estuviese pensando en sus cosas, agarra su impoluta maleta con firmeza, con ambas manos (nunca he entendido cómo puede ser que las maletas de viaje de los ricos siempre estén impecables, sin la menor mancha ni rozadura) para que con el traqueteo del metro no se tambalee y caiga al suelo. Está muy natural, pone cara de persona que va en metro, aunque también podría estar en la iglesia escuchando con humildad y resignación el sermón de un cura, o en una consulta médica esperando a que le hagan un análisis de sangre. Tal vez vaya un poco encogido o rígido, pero más para no molestar al vecino que por temor o aprensión. Tiene un cierto lejano parecido con Gru, el protagonista de Gru, mi villano favorito, ese tipo de hombre que intenta aparentar seriedad y que acaba provocando risa e incluso a veces ternura.

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He conocido a varias personas que no han cogido un metro (o pisado un supermercado) en su vida y a algunas suficientemente candorosas o esnobs para reconocerlo en voz alta. Nunca he sentido la menor envidia ni el menor resentimiento social hacia ellos, por mí como si van en triciclo o en coche volador, no creo que una persona sea mejor persona o se preocupe más por sus semejantes o por la justicia social por ir en metro. He conocido a cretinos que se desplazan en metro y a cretinos con chófer: son prácticamente iguales.

Edurne Pasaban imaginaba que iba a tocar el cielo, casi literalmente, y Gaspart que iba a visitar las entrañas de la tierra, el infierno. Los dos salieron algo decepcionados, aquello no era el cielo y aquello no era el infierno. Porque como dijo Sartre "el infierno son los otros", pero el cielo también, no las cúspides o el metro.