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José María Aznar y Pablo Casado saludan a los asistentes a la convención nacional, este sábado en Madrid.

Vox desacompleja al PP

Olga Ruiz

El PP le debe a Vox algo más que su apoyo para que Juanma Moreno sea el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, se trata de algo más incorpóreo pero a la vez más profundo: el partido de Santiago Abascal le ha sacudido los complejos de encima al de Pablo Casado. La irrupción del partido de ultraderecha en el mapa político español, ha obligado a los populares a decir lo que piensan sin filtros que valgan. Al PP no le ha quedado otra que reivindicarse como el original  y lo ha hecho quitándole el polvo a su otrora denostado ideario y derrochando orgullo patrio a diestro y siniestro en su convención.

No es que el PP haya cambiado con Casado su forma concebir España y las necesidades de los españoles, no es eso. Es que antes lo disimulaban, lo cubrían de una pátina que suavizaba el tono y las formas y ahora ya no. No pueden si quieren parar la sangría de votos. El objetivo ya no son los votantes de centro-derecha, eso es de otra época. Eso es de la era de Mariano Rajoy, al parecer pleistoceno político.

No es misión fácil la que se ha propuesto Casado. Para que los votantes que se han sentido huérfanos vuelvan a la gran casa popular, tienen que doblar la la oferta que les ha hecho Vox, su nueva familia de acogida. ¿Cómo se hace eso?¿Cómo se consigue estar más a la derecha que la ultraderecha? Los votantes, desilusionados con el partido azul, no van a rebajar las expectativas que les ha regalado Vox, pero a la vez, doblar la oferta supondría un auténtico despropósito de imprevisibles consecuencias para este país.

En la convención todo (a pesar de los tabarnienses) ha salido tal y como estaba previsto: Rajoy ha ejercido de telonero y se ha ido antes de que apareciera José María Aznar. Éste ha vuelto como la estrella que nunca debería haber dejado de brillar y Casado ha recibido la bendición para ejercer de presidente sin “tutelas ni tutías”, fórmula sagrada con la que Manuel Fraga bendijo el mandato de Aznar y que éste ha recuperado para bendecir la etapa de Casado. Sin tutías quizás, sin tutelas, cuesta más de creer.

Sea como fuere, Casado erigido como nuevo e indiscutible líder de los suyos se ha lanzado a la 'hard-politic' en su discurso de clausura, en el que no ha faltado de nada: “enemigos de la nación” “patriotas soñadores” y “peste nacionalista” en contraposición a su apoyo a la familia (así en singular), la vida, la educación, la libertad. El horror y la salvación, los malos y los buenos, los otros y ellos.

Tampoco han faltado referencias a Catalunya, que sigue siendo el escollo a salvar por el PP de Casado, es ahí donde se juega la vuelta de los votantes pródigos, quizás por eso no ha escatimado en dureza: nueva aplicación del artículo 155 sin límite temporal, reforma del Código Penal para prohibir la celebración de referéndums, modificación de la ley de indultos, ilegalización de partidos… el líder popular ha enviado un mensaje claro y contundente para quien lo quiera escuchar: “ve y sube la apuesta”. ¿Quién da más? Parece imposible, pero en política nunca se sabe.

Temas: Vox