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ANÁLISIS

Dembélé se duele del esguince que se hizo en una gran actuación en el Camp Nou.

Dembélé ya no está de Erasmus

Jordi Puntí

Piqué, Umtiti, Lenglet, Vermaelen, Murillo, el joven del filial Chumi, y además para septiembre ya está fichado el francés Todibo. Por un momento pensé que llenaría el artículo con todos los centrales que son el presente y el futuro del Barça. Lesionados o no, me salen siete jugadores para dos puestos. Nos hemos pasado varios años lamentando que el Barça no tenía centrales de confianza, y ahora nos ha dado el síndrome de Diógenes y acaparamos como si no hubiera mañana. Valverde tendrá que montar un Operación Triunfo para escoger a los dos finalistas de cada partido. Si al menos hubiera alguno que pudiera sustituir de vez en cuando a Busquets... Pero, no, este es otro capítulo y tiene que ser el holandés De Jong, o quizás Rabiot -dos de los frentes abiertos estas semanas.

Me encanta el frenesí de los fichajes en verano, pero me pone de los nervios en invierno. Cuando se juega la pretemporada y todo son ilusiones, la cháchara de los posibles refuerzos se proyecta hacia el futuro, nos invita a soñar. En pleno enero, en cambio, el intercambio de jugadores tiene un aire de rebajas y oportunidades del Sepu. El mercado vocinglero tiene que convivir con la realidad de los partidos y los contamina. Ayer, por ejemplo, contra el Leganés. Valverde sitúa a Vermaelen como titular, y yo me pregunto cómo tenemos que verlo: ¿es una rotación más, para que descanse Lenglet o tiene la intención de poner al belga en el escaparate? En todo caso, Vermaelen respondió con un partido serio.

El efecto contrario se produce con Coutinho. El socio va al campo habiendo leído una serie de titulares contradictorios: 'El Chelsea viene a por Coutinho', 'El Liverpool le quiere y su salida facilitaría la vuelta de Neymar'. Demasiada información sensible. Empieza el partido y recordamos al Coutinho de la semana pasada, que despertó de su letargo y ofreció espectáculo, pero a los diez minutos vemos que hoy tampoco será su día: juega agarrotado, sin  claridad de ideas, y nuestra mente empieza a barajar posibles cambios... Luego, casi como una consecuencia fatal de nuestra empanada de fichajes, nos empatan el partido y se lesiona Dembélé.

Suerte que la salida de Messi, como siempre, lo cambió todo, incluso la temperatura ambiente. Cuando Messi empieza un partido en el banquillo, suelen ocurrir dos cosas: algunos jugadores se crecen para intentar llenar el vacío del 10 y otros quedan aplastados por su ausencia. Ayer Arthur fue uno de los primeros. Y sobre todo Dembélé, quien demostró que su juego puede romper esquemas. El jugador diletante, como le llamó una vez 'France Football', el chico que vino a Barcelona como si fuera de Erasmus, hizo vibrar al público e incluso marcó un gol que llevaba el sello de Messi, concretándose en una combinación que, para regocijo de los amantes de las palabras, además era monovocálica: Alba-Dembélé.

Cuando Messi empieza un partido en el banquillo, por cierto, ocurre además una tercera cosa: que el argentino sale a jugar media hora y esos minutos son como un concentrado de sus cualidades. Por un día se convierte en un secundario robaplanos, y nosotros que se lo agradecemos.

Temas: Messi