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El desequilibrio entre campo y ciudad

Donde la desolación cabalga

LEONARD BEARD

Donde la desolación cabalga

Olga Merino

El deterioro del mundo rural en España, con zonas tan despobladas como Laponia, precisa de un correctivo urgente

De entre las páginas de un viejo cuaderno, sale un recorte de prensa amarillo por el tiempo, un artículo que escribió Manuel Vicent hace la friolera de 36 años, donde describe España como un país hueco por dentro, a la manera de una campana. Por un lado, está la periferia, costera y superpoblada —o sea, el labio de la campana—, y, por el otro, en el centro geométrico, el badajo, un Madrid colmado de subsecretarías y rodeado por kilómetros de vacío, un paisaje de barbechos, corralizas, desmontes, canchales y todo un acervo de hermosísimas palabras que también van perdiéndose. Hablamos de un drama con nombre: la despoblación rural. Hoy en día, el 90% de los españoles se concentra en solo el 30% del territorio. 

Un vendaval que arrasó pueblos para masificar Madrid

Se han escrito magníficas novelas al respecto, obras convertidas ya en clásicos, como 'La lluvia amarilla', de Julio Llamazares, 'Camí de sirga', de Jesús Moncada, y en cierto sentido también 'El jinete polaco', de Antonio Muñoz Molina. Desde hace al menos tres décadas, pues, flotaba el aroma de la desazón en el aire, pero faltaba algo más. Faltaba poner nombre a la herida, conceptualizar la extrañeza de la cartografía, entender sus porqués, y fue entonces cuando irrumpió el ensayo de Sergio del Molino 'La España vacía. Viaje por un país que nunca fue' (Turner, 2016), un libro extraordinario que ha marcado un antes y un después.

El escritor y periodista madrileño, reciente Premio Espasa de Ensayo por 'Lugares fuera de sitio', diagnostica el origen de los desequilibrios entre el campo y la ciudad en lo que él denomina “el gran trauma”; es decir, la tremenda migración sufrida más o menos desde de los años 50, un vendaval que arrasó pueblos y formas de vida para masificar Madrid y, en el borde de la campana, Barcelona y Bilbao. O el abigarramiento o la nada. Impelidos en buena parte por el franquismo, en su afán ciego por industrializar el país a marchas forzadas, cientos de miles de campesinos, como cebolletas trasplantadas, entraron a empellones en las fábricas y en los bloques de las barriadas, donde el desarraigo se expiaba a ritmo de rumba taleguera y heavy metal. Muchos somos hijos y nietos de aquellas circunstancias.

Para ciertos viajes no hacían falta alforjas. España era (o es) un país eminentemente agrícola y turístico, y para no fabricar nada del otro jueves, ha terminado importando hortalizas de Marruecos y Suráfrica. Señala Del Molino que el despoblamiento se ha cobrado su venganza con un perverso sistema electoral que premia el vacío sobrerrepresentándolo en el Congreso; dicho en otras palabras, infla los votos del campo para seguir maltratándolo, un asunto que excede con mucho el cauce de estas líneas.

Desde La Rioja, la editorial Pepitas de Calabaza lleva 20 años de trabajo silencioso, llenando con reflexión el vacío sobre el vacío

No deja de ser curioso que quienes mayor interés han expresado por el descalabro rural, entre los que me incluyo, seamos urbanitas del más puro asfalto. De un tiempo a esta parte, sin embargo, viene surgiendo la voz del campo desde el campo, como es el caso de la poeta y veterinaria rural María Sánchez, a punto de publicar 'Tierra de mujeres: una mirada íntima y familiar al mundo rural', y del profesor riojano Emilio Barco Royo, quien ha presentado este mismo viernes 'Donde viven los caracoles. De campesinos, paisajes y pueblos'. En este sentido, es de rigor subrayar el esfuerzo de Pepitas de Calabaza, que, si bien se publicita como “una editorial con menos proyección que un cinexín”, lo cierto es que, con Julián Lacalle al frente, lleva 20 años de trabajo silencioso desde Logroño, gota a gota, llenando con reflexión el vacío sobre el vacío. Su catálogo merecería un premio.

Más allá de los libros, es urgente remangarse y ultimar cuanto antes un pacto de Estado para combatir la despoblación rural, lo que ya se ha dado en llamar “etnocidio silencioso”. Un reciente informe sobre las Áreas Escasamente Pobladas (AEP) del sur de Europa, elaborado por Pilar Burillo Cuadrado, investigadora de la Universidad de Zaragoza, revela no solo que más de la mitad del territorio (53%) tiene menos de 11,5 habitantes por kilómetro cuadrado, sino también que España es el país más perjudicado por el creciente deterioro del mundo rural. Una de las zonas más castigadas, señala la experta, es la serranía celtibérica, que se expande más o menos desde Burgos hasta el Maestrazgo de Castellón, una mancha de 65.000 kilómetros cuadrados, el doble de la superficie de Bélgica. Se trata del mayor desierto demográfico de Europa tras la zona ártica de Escandinavia, sobre el que la editorial Pepitas de Calabaza ya publicó hace un par de años el ensayo de Paco Cerdà 'Los últimos. Voces de la Laponia española'. En Catalunya, las zonas más afectadas son las comarcas interiores del prepirineo, el secano de Lleida y Tarragona y las Terres de l’Ebre.

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¿Qué hacer? Burillo propone medidas muy claras y concretas: deslocalizar empresas e instarlas en el ámbito rural, un sistema de exenciones fiscales y mejorar las comunicaciones, la telefonía móvil e internet. ¿Cómo vas a comercializar tus mermeladas ecológicas si la red funciona a pedales? Llevamos medio siglo de atraso.