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Análisis

Errejón concurrirá con la plataforma de Carmena a las elecciones.

JOSÉ LUIS ROCA (VÍDEO: EUROPA PRESS)

Revolución en la revolución

Pere Vilanova

¿Qué es lo que estaba cada vez en juego en las sucesivas crisis de Podemos? No nos engañemos, la competición por el poder y una cierta cultura que dice que esto, el poder, es de mal repartir

Hace un par de años, publiqué en EL PERIÓDICO un artículo titulado 'Liderazgo, guillotina y Twitter' en el que se hacía un audaz paralelismo entre la Revolución Francesa y las peripecias en la dirección (entonces, final de 2016) de Podemos. Cuando uno mira fotos del equipo dirigente inicial de Podemos, entre 2014 y 2016, pasa un poco como con las fotos del equipo dirigente de la revolución bolchevique. En cada foto, convenientemente reeditada, desaparecía uno, luego otro, y para finales de 1938, del equipo inicial de 1917 ya solo quedaban dos: Stalin y Trotski. En 1940, después del atentado mortal contra este último, perpetrado por el militante comunista catalán Ramón Mercader, solo quedó Stalin.

De acuerdo, el símil es de trazo muy grueso, pero es irresistible la comparación. Por suerte, ahora este tipo de procesos de 'purificación'  se libra en las redes, sobre todo en Twitter (¿vaya usted a saber por qué?) y sin sangre. La otra comparación, que hacíamos en el artículo arriba citado, se basaba en la invocación de la Revolución Francesa. Después de la caída de la monarquía absoluta, la guerra se libró entre girondinos y 'montagnards', mejor conocidos como jacobinos. Y luego dentro de estos últimos, hasta que chocaron Danton-Errejón  y Robespierre-Iglesias. Queda pendiente, por supuesto, el inquietante papel de Echenique-Fouché, que es el único que les sobrevivió a todos. Empezó como 'carnicero de Lyon', en la primera fase  revolucionaria, para acabar plácidamente sus días como duque de Otranto, ya desaparecido Napoleón y restaurada la monarquía.

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La foto de estos días no tiene desperdicio. Pablo Iglesias sorprendido en plena 'baja de paternidad' (cosa que le honra), por una deserción en toda regla de Íñigo Errejón, que se va con armas y bagajes al territorio de Manuela Carmena. Aquí la tentación sería la comparación con Charlotte Corday, que apuñaló a Marat en su bañera.

Hagamos un intento de conclusión. A la espera de un '18 Brumario de Napoleón Bonaparte' que imponga una solución, de momento, y a cuatro meses de unas elecciones múltiples, de momento pierden todos, toda la izquierda a la izquierda del PSOE. Y de hecho esto debilita también a Pedro Sanchez. Algún autorizado colega académico aprovecha este caso para recordar que, en general, la izquierda viene de una tradición mucho más sectaria y autodestructiva que la derecha, mucho más pragmática en su relación el poder, cómo alcanzarlo y cómo gestionarlo. Por ellos, las revoluciones (de izquierdas) de los últimos siglos han sido en general más autodestructivas que las de las derechas. No sabemos muy bien que tienen en la cabeza los dirigentes de Podemos, los actuales y los de la primera hornada, pero todo parece indicar que entre Iglesias y Errejón, la cosa había llegado a un punto de no retorno. Y antes, Bescansa, y antes Rita Maestre, y antes… ¿Qué es lo que estaba cada vez en juego? No nos engañemos, la competición por el poder y una cierta cultura que dice que esto, el poder, es de mal repartir.