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IDEAS

M. Night Shyamalan, en la premier de Glass, en Londres. 

STILLMOVING.NET / JAMES GILLHAM

El espacio de la fantasía

Desirée De Fez

Qué espacio ocupa la fantasía en la actualidad. Este viernes se estrena 'Glass', la película de M. Night Shyamalan que cierra la atípica trilogía completada por 'El protegido' (2000) y 'Múltiple' (2016). Es una obra inmensa que plantea más cosas que, pongamos, el 90 por ciento de películas que se estrenan cada semana. Pero, de todas ellas, me quedo con la decisión de su autor de incorporar en ella –con la sabiduría, la elegancia y la emoción que le caracterizan– una reflexión (abierta) y dos diálogos (uno, entre los personajes; otro, entre película y espectador) sobre el papel que juega a día de hoy la fantasía.

No solo me quedo con esa reflexión porque la formule el director de 'Señales' (2002), que de fantástico sabe un rato: lo ha hecho, lo ha renovado (varias veces) y lo ha pensado. Me quedo con esa reflexión y ese diálogo porque realmente los siento importantes. Me da miedo que la fantasía, al menos toda, se mercantilice tanto que se vuelva rutinaria, superficial y mecánica: ¿no hay muchas películas que se parecen demasiado? Y no hablo de cuestiones estilísticas que suelen venir determinadas por la tecnología del momento.

También me preocupa olvidar –en tiempos obsesionados con la realidad hasta el punto de distorsionarla y hacerla pasar por buena– la infinidad de cosas que siempre ha conseguido: reflejar de forma alucinante los miedos de cada época, permitirnos huir, evadirnos, cuando más falta nos hace y ayudarnos a relacionarnos con el mundo. En realidad, toda la obra de Shyamalan va de esto último, y cómo lo pone en relación con la infancia en 'Glass' es algo absolutamente magistral. No exagero si digo que no veía una película tan lúcida y, en cierto sentido, atrevida sobre la relación entre infancia y fantasía desde 'E.T.: El extraterrestre' (1982). Y sobre todo, a riesgo de que todo esto suene (quizá ya esté sonando) cursi, me aterra que la fantasía deje de sorprenderme. 'Glass' habla de todo esto de forma orgánica. Ojalá Shyamalan, uno de los cineastas en activo más conectados a su tiempo, anime a otros cineastas y teóricos a pensar la fantasía para que no se nos escurra entre los dedos.