Ir a contenido

Dos miradas

Ignasi Sabater, alcalde de Verges, uno de los detenidos el miércoles.

JOAN CASTRO / ICONNA

'Mise-en-scène'

Josep Maria Fonalleras

Fui testigo del miedo que una acción policial como la de los arrestos de Verges generaron entre mis conciudadanos. Una intolerable sensación de desamparo, en un escenario hostil

Tenemos la responsabilidad de fomentar la convivencia a partir de un análisis frío y en nada exaltado de la situación que vivimos. La tenemos, de acuerdo, al igual que también tenemos el deber de denunciar los actos que claman al cielo de la justicia y del respeto por las mínimas normas democráticas. El miércoles se vivieron en Girona unos episodios gravísimos. Por varias razones. Ninguna de las circunstancias previstas en la ley de enjuiciamiento criminal (Lecrim) concurrían en las detenciones practicadas por la Policía Nacional. Ninguna. Los arrestados no habían cometido delito flagrante ni eran fugados ni habían sido avisados ​​de ninguna demanda judicial. Nada. Salían de casa, como hacía el alcalde de Verges, y fueron interpelados por unos desconocidos, encapuchados, que tanto podían ser agentes de la autoridad como individuos que, precisamente en Verges, han destrozado mobiliario urbano, han delinquido, han amenazado con armas blancas y han aterrorizado, de noche, a la población.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

La policía actuó de tal forma que se alejaba muy peligrosamente de la estricta legalidad y se acercaba a prácticas dictatoriales, en base a un criterio de presunción de culpabilidad sin ningún fundamento, más allá de la demostración de fuerza. Una 'mise-en-scène' que exhibía prepotencia. Fui testigo directo del miedo que una acción como esta generó entre mis conciudadanos. Una intolerable sensación de desamparo, en un escenario hostil.