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ANÁLISIS

Aragonès, Artadi, Calvo y Batet, durante la reunión que mantuvieron en el Palau de Pedralbes el pasado 20 de diciembre.

JORDI COTRINA

Distensión en ciernes, con brotes bipolares

Enric Hernàndez

Tarde o temprano el independentismo tendrá que elegir: o abrazar el pragmatismo en busca de una salida política o seguir azuzando a las masas

Los tambores de guerra retronaban en las tertulias de la cosa y en la patria digital. El arresto temporal y sin orden judicial de dos alcaldes de la CUP y otros investigados por bloquear el AVE en Girona el pasado anviersario del 1-O, una decisión policial antiestética y evitable pero ajustada a la ley, presagiaba que el encuentro de la Moncloa se saldaría con un monumental encontronazo. La "represión" que el Estado ejerce contra el independentismo no cesa con el Gobierno del PSOE, se desgañitaban algunos. Y en estas se abrió el monte... y parió un ratón.

La cita de la vicepresidenta Carmen Calvo con su homólogo Pere Aragonès y la 'consellera' Elsa Artadi, partido de vuelta de la cumbre que Pedro Sánchez y Quim Torra celebraron en diciembre en Pedralbes, lejos de romper la baraja ha permitido ordenar las cartas. Ambas partes se emplazan a otra reunión bilateral, la próxima semana en Barcelona, para analizar "una propuesta política sobre el futuro de Catalunya", habilitando en paralelo una mesa de partidos con idéntico propósito.

Poca cosa, dirán las hordas hiperventiladas, sin tener en cuenta que, apenas 72 horas antes, Carles Puigdemont había condicionado el apoyo independentista a la tramitación de los Presupuestos de Estado, justamente, a la creación de dos mesas de diálogo: una sobre las inversiones en Catalunya y otra, sobre el conflicto catalán, con observadores "neutrales". Figura, esta última, que bien podrían encarnar Podemos o los 'comuns'. 

Más señales. Por mediación del Síndic de Greuges, Rafael Ribó, todos los 'expresidents' de la Generalitat y del Parlament han suscrito un comunicado en el que solicitan que los presos independentistas sean excarcelados antes del juicio del Tribunal Supremo, si es preciso procurándoles "medidas alternativas a la prisión preventiva en centro penitenciario". La carta lleva la rúbrica de un político tan poco sospechoso como el senador José Montilla, lo que constituye, por sí mismo, un gesto explícito del Gobierno socialista, por persona interpuesta.   

Un escenario dual

Llegaremos así a la vista oral del Supremo con un escenario dual: por una parte, el independentismo volcado en la movilización callejera y en la agitación mediática para presentar a los procesados como víctimas de un juicio político, sin garantías procesales y cuya sentencia condenatoria ya está redactada; por la otra, el Govern independentista explorando una salida política al conflicto catalán con el Gobierno de un Estado al que tacha de "autoritario", y quién sabe si incluso aprobándole los Presupuestos, como defiende mayoritariamente la cúpula del PDECat.

Es digno de elogio que, pese a las añagazas de  Torra y las interferencias de Waterloo, las mentes pensantes del soberanismo viren hacia la moderación y apuesten por la estabilidad, tanto en Catalunya como en el conjunto de España, a la espera de que las sentencias del 'procés' no encrespen más los ánimos. Pero convendría también que modulasen los brotes bipolares que les mueven a azuzar a las masas por la mañana y hacer política realista por las tardes. Algún día habrá que elegir.