Ir a contenido

Propósitos de año nuevo

Gente practicando deporte en un gimnasio.

123FR

La ilusión de los ilusos

Jordi Puntí

Tengo un amigo que cada enero tiene los mismos propósitos: volver al gimnasio, dejar de fumar, estudiar inglés, leer a Proust

Van pasando los días de este enero, estamos en su tercera semana, y todavía hay mucha gente que te desea un “buen año”. Supongo que lo hacen por si acaso, pero ¿en qué momento deberíamos olvidarnos de las buenas intenciones? La tradición dice que por la Candelaria -es decir, el 2 de febrero-, pero ¿quién se toma la molestia hoy de consultar el 'costumari Joan Amades'? Seguro que hay alguna aplicación que te dice cuándo dejas atrás definitivamente la vaga sensación de cambio del año nuevo... Para muchos es cuando los niños vuelven a la escuela, o tal vez el fin de semana en que quitan el pesebre, o quién sabe si es el día en que alguien tiene el valor de desguarnecer el árbol de Navidad y enviarlo a su destino del compostaje. Sea como sea, paréceme que este año el “buen año” se alarga porque enero se ve como el preludio de algo grande, de algo malo que nos traerá el 2019. Al menos entre mis congéneres es una sensación general, apocalíptica, que tanto afecta a los juicios injustos que afrontarán los presos políticos catalanes, como al rebrote mundial de la intolerancia, el totalitarismo, la corrupción y la estulticia -y para mí no hay duda de que todo va unido-.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Pasan los días de enero y hemos entrado en la semana de los barbudos, que es la de san Pablo, san Mauro y san Antonio del cerdito, y se supone que es la más fría del año, pero ¿quién tiene tiempo de consultar el 'costumari Amades'? Me recuerda a un amigo, amante de los tópicos, y sus derrotas personales. Cada enero tiene los mismos propósitos: volver al gimnasio, dejar de fumar, estudiar inglés, leer a Proust. Me lo imagino, pues, estos días en una de esas máquinas, haciendo abdominales mientras intenta recordar el participio del verbo 'to sleep'. O emboscado en su sillón con las primeras frases de 'En busca del tiempo perdido', mientras con un gesto automático de la mano busca el paquete de tabaco en el bolsillo, a punto de claudicar: no se puede leer a Proust sin fumar. Quizá por eso, como él, aún seguimos diciendo “buen año”: para conservar la sensación de que las cosas sí pueden cambiar.