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Dos miradas

Al fin, el eje social

ANDREU DALMAU (EFE)

Al fin, el eje social

Emma Riverola

Dar el paso indepedendista a tramitar los Presupuestos es adentrarse en el terreno de la negociación y la concreción, entender que Catalunya es el conjunto de su ciudadanía

Presupuestos sí, Presupuestos no. Pero antes, permitir o no su tramitación. Esta es la encrucijada ante la que se encuentra el independentismo. Aparentemente, una decisión que afecta a su política exterior. En realidad, una determinación que lo marcará intrínsecamente. Negarse a la tramitación es instalarse de forma definitiva en el mito. Ese terreno del agravio constante en el que se erigen molinos de viento que se creen gigantes. Varados en el 1-O, sin reconocer ninguno de los errores políticos cometidos, requiriendo a un gobierno democrático medidas que no están en sus manos como la liberación de presos (sí lo estarán, si se requieren, los indultos) o exigiendo un referéndum de independencia que solo podría pactarse en un clima de confianza y serenidad.

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Dar el paso a la tramitación es adentrarse en el terreno de la negociación y la concreción. Entender que Catalunya no es un ente mágico, sino el conjunto de su ciudadanía. Y que ponerse a su servicio es trabajar por una sanidadeducaciónpensiones o subsidios mejores. Los Presupuestos del Gobierno socialista, elaborados con Unidos Podemos y colectivos ciudadanos, colocan el debate en el eje social. Durante estos años hemos visto adónde nos conduce hundirnos en el nacional. También sus monstruos: un elenco de incompetentes y majaderos que han alcanzado unas cotas pasmosas de poder gracias a la exhibición de un sectarismo tan vergonzoso como peligroso.