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MIRADOR

Quim Torra y Carles Puigdemont, en Waterloo.

ACN / BLANCA BLAY

Efectos colaterales

Laia Bonet

Los Presupuestos pueden dar más oxígeno a la distensión o contribuir a acrecentar la inestabilidad

Con presos todo es difícil. Lo he escuchado decenas de veces desde que fueron encarcelados varios líderes del independentismo catalán como medida provisional –sigo pensando que difícilmente explicable y menos comprensible–; pero especialmente lo he escuchado desde la llegada del nuevo equipo en la Moncloa y su más que evidente cambio de estrategia, dinámica y actitud. Lo he escuchado y lo comparto. Todo es difícil.

No hace falta decir que es difícil el día a día de los presos, de sus entornos familiares, de sus partidos y organizaciones. Pero la afirmación va más allá. El "todo" también se refiere a la política y al posicionamiento de las formaciones políticas del espacio independentista ante cada nueva situación, afirmación o propuesta que se produce en la arena política. Que tus líderes se encuentren privados de libertad y ante acusaciones también incomprensibles por desproporcionadas, condiciona obviamente a la hora de fijar tu propia posición sobre las propuestas políticas ajenas.

Desde ese punto de vista, todo podía parecer más fácil ante el PP, que había rehuido la política y optado precisamente no solo por la vía judicial, sino por la más contundente de las vías judiciales, la penal. El discurso independentista más contundente y la negativa y protesta más rotundas valían ante los posicionamientos de aquella formación. Y así se fueron profundizando las trincheras.

Pero esa protesta reiterada, esa rotundidad, ese atrincheramiento es más difícil ante un interlocutor que no solo cambia el discurso, apuesta por la política como herramienta y trabaja para la distensión, sino que al mismo tiempo cambia claramente las prioridades presupuestarias. Y lo hace presentando un paquete de medidas que no solo cumple casi por primera vez con un principio básico estatutario y de sentido común respecto al peso que debe tener la inversión estatal territorializada, sino que, en su afán por luchar contra la creciente desigualdad que sufre nuestra sociedad, se compromete al mayor gasto social desde la recuperación de la democracia.

¿Cómo debe posicionarse el independentismo político ante ello? Puede hacerlo pensando en el pasado, es decir, en los incumplimientos de compromisos de inversión vividos en demasiadas ocasiones. Y no darles apoyo por falta de confianza. O hacerlo pensando en el presente y en su actual prioridad, expresada constantemente: la liberación de los presos. Y no darles apoyo puesto que los Presupuestos no permiten este objetivo.

Pero puede decidir también pensando en el futuro y en el impacto positivo que estos Presupuestos tendrían sobre la ciudadanía y sobre la capacidad de actuación de la propia Generalitat en términos de recursos. Y en este caso, darles apoyo por responsabilidad y coherencia. Lo que en ningún caso puede hacer es rehuir, ignorar o negar los efectos colaterales de su decisión: dar más oxígeno al escenario de distensión que se abrió con la moción de censura o contribuir a acrecentar la inestabilidad y el riesgo de un paso atrás incluso a una dimensión desconocida.