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Al contado

Trump, el pasado jueves.

AP Photo / Evan Vucci

Capitalismo inclusivo y capitalismo exclusivo

Agustí Sala

En el mundo de las 'fake news', las propuestas populistas y extremas se mueven como pez en el agua

En los últimos tiempos se libra una batalla entre dos visiones contrapuestas del capitalismo. Una es la inclusiva. O sea, la que entiende que la rentabilidad financiera debe convivir o ser compatible con la rentabilidad social, ligada a plateamientos políticos moderados y democráticos. Y una segunda que podríamos bautizar como exclusiva o excluyente: el beneficio ante a todo, con el individualismo, en la peor de sus acepciones, como protagonista; y propensa al caudillismo.

Lo que ha sucedido en Hungría, bajo un gobierno ultaconservador y ultranacionalista de Viktor Orbáncon una ley que fuerza al trabajador a hacer hasta 400 horas extras al año y permite al empresario pagárselas hasta en 36 meses (3 años), debería preocuparnos. ¿Qué será lo siguiente? ¿Pagar por trabajar? ¿El esclavismo? Y es un país socio de la Unión Europea (UE). 

Vivimos una oleada neoconservadora y ultranacionalista de recetas mágicas ante el descontento social, con sus consecuencias como el 'brexit', el proteccionismo o la xenofobia. Las políticas que desarrolla sin ningún rubor el actual presidente del Gobierno de EEUU, que 'The Economist' no ha dudado en calificar como 'El show de Trump', en alusión a la película de 1998 de Peter Weir,  "El show de Truman" en el que el mundo del 'reality show' alcanzaba cotas extremas; son una de las expresiones de esta tendencia.

Y en estas que en una España que había subsistido y superado la crisis, al menos en parte, sin caer en la tentación de la extrema derecha y la defensa del capitalismo más excluyente, emerge Vox y se convierte en la llave del cambio de gobierno en Andalucía y quién sabe si de otras futuras contiendas electorales. La singularidad española, donde surgieron el independentismo y un movimiento social convertido en Podemos, empieza a desparecer. 

En el mundo actual, dominado por la inmediatez, las redes sociales o las 'fake news', los populismos extremos de receta fácil y defensores del "nosotros" frente a "ellos" se mueven como pez en el agua: búsqueda de culpables y soluciones mágicas. En definitiva, líderes mesiánicos más que políticos dispuestos a trabajar para solventar los problemas cotidianos de los ciudadanos. 

Como dijo el historiador Niall Ferguson, uno de los 100 hombres más influyentes del planeta, en una entrevista en este diario, las guerras de religión de los siglos XVI y XVII han sido sustituidas por el "lenguaje extremo" sobre política en las redes sociales, que las transforma en "motores de polarización". Y traza paralelismos entre esa etapa de la historia y la de internet. Advierte de que las 'fake news' "viajan más rápido y más lejos que las verdades". Y recuerda que la imprenta "permitió a todo el mundo leer la Biblia, pero a la vez también que hubiera más creencia en las brujas y la brujería". Tomemos nota.