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EL CIERRE

El madridista Vinicius cae ante el guardameta Rulli en el partido de Liga del pasado día 6 en el Bernabéu

KIKO HUESCA (EFE)

La confusión sobre el VAR

Axel Torres

Lo más preocupante tras las polémicas de la semana es la desinformación que se está fomentando y que confunde al aficionado

No será porque no hayan querido explicarlo. Meses antes de su implantación, los responsables del VAR dieron un tour por los medios de comunicación, ofrecieron ruedas de prensa y el propio Velasco Carvallo hasta mandaba por correo electrónico un dósier de más de veinte páginas a cualquier periodista que le preguntaba. Sin embargo, en el ecuador de la temporada el nuevo sistema de vídeo-arbitraje sigue generando confusión, y lo peor de todo es que el aficionado cada vez está más desinformado. Y no por culpa del estamento arbitral.

Tras la jugada de Rulli y Vinicius, el esperpento al que hemos asistido ha alcanzado cotas descorazonadoras. Titulares como “El árbitro no hizo caso al VAR”, “No quiso consultar” o incluso “Munuera sigue pitando sin contar con el VAR” tras su siguiente arbitraje en Villarreal han hecho que muchos aficionados crean, de verdad, que el colegiado andaluz fue el que deliberadamente decidió no apoyarse en el vídeo-arbitraje para tomar la mejor decisión.

La realidad es muy distinta. El árbitro de campo no puede pedir ayuda al VAR después de una jugada polémica. Es el VAR el que le tiene que avisar de que se ha podido equivocar si así lo considera. Si no recibe comunicación alguna, el colegiado principal debe seguir con el partido porque no tiene otra alternativa.

Persecución desde la mala fe

¿Pudo equivocarse Munuera? Si consideramos que fue penalti de Rulli –yo, tras verlo repetido, creo que lo fue-, su único error consistió en no verlo en directo, algo que puede ocurrir perfectamente –a mí, desde la cabina y en vivo, también me dio la sensación de que Rulli pudo despejar el balón-. La persecución a la que ha sido sometido desde entonces es inhumana, poco profesional y sólo explicable desde la ignorancia o la mala fe.

¿Quién se equivocó entonces? El árbitro de VAR, en este caso Melero López, era el que, si pensaba que Munuera había cometido un error flagrante e indiscutible, debía avisarle para recomendarle visionar de nuevo la jugada. Melero consideró que no se daba ese supuesto, por lo que dejó continuar el juego.

Y aquí entramos en una cuestión que es importante explicarla bien y que es quizá la más difícil de entender. Al árbitro de VAR le recomiendan no intervenir a poco que encuentre un solo argumento por el que se pueda soportar la decisión del colegiado de campo.

Se les insiste mucho en ello: desde la sala no hay que decidir si es penalti o no, si no determinar si se ha cometido un error que pondría de acuerdo a aficionados de todos los equipos porque no está sujeto a la interpretación. Para que nos entendamos: el penalti sobre Odriozola que pitó Gil Manzano en el Real Madrid-Leganés jamás se hubiera revisado ni señalándose como pena máxima ni si se hubiera determinado que no había infracción. Las “jugadas grises”, en las que puede haber contacto pero es debatible si ese contacto es suficiente, no son rearbitrables y siempre primará la opinión del árbitro de campo, sea cual sea.

Empieza a ser urgente, para no confundir al público, que no hable sobre el VAR en los medios nadie que no haya recibido la información por parte de un árbitro.