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Imagen del trailer de ’ROMA’, la película de Alfonso Cuarón producida por Netflix.

Las enseñanzas de los viejos

Mikel Lejarza

El cine es uno de los antepasados más directos de la televisión. Ambos lenguajes están tan relacionados que en los orígenes de la pequeña pantalla EEUU legisló que quien fuera titular de una frecuencia televisiva, no podía serlo de la producción de los contenidos de ésta, y viceversa. Se trataba  de impedir que  distribución y  producción de la televisión estuviesen en las mismas manos, porque se temía que la industria del cine, que contaba con toda la maquinaria de producción necesaria, se adueñara desde sus inicios del nuevo medio que por aquel entonces era la televisión. Esto permitió el desarrollo en EEUU de las cadenas de televisión privadas, y de  un  activo sector dedicado a la producción, que llevó a Hollywood a dominar el audiovisual en el resto del mundo. Porque Europa  siguió otro modelo y dejó la iniciativa del lanzamiento de la televisión en manos de los Estados a través de sus corporaciones públicas, con lo que no había, en la práctica, más productores importantes que éstos. Por supuesto, las cosas han cambiado radicalmente desde entonces, y ahora el sector ofrece una variedad de oferta capaz de saltarse cualquier norma o costumbre anterior. Como resultado de ello, en nuestro tiempo la integración vertical entre producción y distribución de la señal es un hecho no solo aceptado, sino cada vez más necesario para competir.

El enemigo del cine y la televisión no es la tecnología, sino las historias aburridas

Este relato muestra la larga relación e influencia que tiene el cine en el devenir de la televisión. Conviene recordar que ahora, que debido a internet la televisión tradicional atraviesa por momentos de incertidumbre, la industria cinematográfica pasó por situaciones similares cuando irrumpió la televisión. Muchos dieron por muerto al cine y se preguntaron quién iría al cine cuando la televisión ofreciera películas gratuitas y todo tipo de entretenimiento sin salir del hogar. Era una duda razonable y se planteó a  finales de los años 40 del siglo pasado. Pues bien, en el 2018 la taquilla del cine en EEUU ha subido un 7% respecto al año anterior. A nivel mundial el cine recaudó en salas 36.270 millones de euros, lo que supone un 0,1% sobre el  2017. No está mal para un sector al que dieron por muerto hace ya casi ocho décadas. Entre nosotros, tanto la taquilla como el número de espectadores han bajado un 2% en contraposición con los buenos resultados internacionales; pero el siempre renqueante cine español ha subido un 3% en total taquilla y un 4% en número de espectadores, dato que contradice a quienes creen que se trata de un sector agonizante en los tiempos del ‘streaming’.

Al cine, debido a su edad avanzada, las crisis le han llegado con anterioridad a otros medios, y cabe  por tanto  concluir algunas certezas en virtud de cómo respondió al aumento de su competencia y cuáles han sido los resultados de su experiencia. Pues bien, a tenor de los datos, la conclusión inequívoca es que el cine continúa vivo y que al igual que la TV no lo mató,  el ‘streaming’ tampoco acabará ahora con la TV. Hoy millones de jóvenes de todo el mundo continúan asistiendo al cine, van con sus ‘smartphones’ y buscan relatos que les entretengan, y quienes se los ofrezcan llamarán su atención. Porque el enemigo no es la tecnología, sino las historias aburridas.

Temas: Cine