Ir a contenido
David Ferrer, en uno de sus últimos partidos, en Perth (Australia).

EFE / TONY MCDONOUGH

David Ferrer para la máquina

Jaume Pujol-Galceran

Siempre a la sombra de Nadal, no se ha valorado lo suficiente a un tenista único en la pista y fuera de ella

Un gesto simple pero emotivo. David Ferrer dejó sobre la central del torneo de Auckland su inseparable bandana. Decía adiós a un torneo que ha ganado cuatro veces en una carrera que comenzó en el año 2000. Una lesión muscular en la pierna derecha le impidió jugar ante Pablo Carreño, con 1-1 en el marcador. No era la mejor forma despedirse de un torneo en el que ya no volverá a jugar.

Este 2019 es el año del adiós y Auckland era el inicio elegido por el tenista alicantino  para jugar por última vez en sus torneos preferidos. Una pequeña y emocionante gira que seguirá en Buenos Aires, Acapulco, Barcelona y Madrid, torneos en los que quiere compartir sus últimos partidos como profesional.

Así, este lunes Ferrer no estará en la línea de salida del Abierto de Australia. Ya lo había decidido antes de lesionarse, no se sentía competitivo para entregarse como le gusta y para conseguir lo que pocos han logrado con 50 participaciones consecutivas en torneos de Grand Slam, como ha hecho él desde que debutó en Melbourne en el 2003. Solo una lesión en el 2015, en Wimbledon, rompió esa extraordinaria racha en los cuatro grandes en la que su máximo éxito ha sido la final de Roland Garros en el 2013 ante Rafael Nadal, sin olvidar otras cinco semifinales: en el 2012, también en París, ante el tenista mallorquín, el mismo año que un intratable Novak Djokovic le cerró el paso a la final del Abierto de EEUU. 'Nole' también le ganó en la penúltima ronda del Abierto de Australia (2014) y en Nueva York en el 2007, junto a la que perdió en Melbourne ante Andy Murray (2011).

Cualquiera firmaría esos resultados, pero Ferrer es demasiado exigente a la hora de valorar su carrera. "Soy el peor 'top ten' de la historia", ha llegado a decir. No debería ser tan duro consigo mismo alguien que  ha sido número 3 mundial (julio del 2013), ha estado siete años entre los 10 mejores, fue finalista del Masters en el 2007, ha conquistado tres Copa Davis (2008, 2009 y 2011) y ha ganado 27 títulos, entre ellos un merecido Masters 1.000 en París (2012) .

Un rival que nadie quería

Deslumbrados por la luz de Nadal y a su sombra, no hemos valorado suficiente a Ferrer, un tenista único por su entrega, humildad y compromiso dentro y fuera de una pista de tenis. Un jugador quizá tosco para los 'gourmets' del tenis, pero una máquina de regularidad, golpes duros,  restos precisos y unas piernas casi indestructibles, que ningún tenista ha querido ver al otro lado de la red en los 1.097 partidos (727 ganados) que ha disputado. Este lunes en Melbourne habrá 128 jugadores felices por no cruzarse con 'Ferru' en su camino.  

Ferrer no tiene la magia de Federer, ni la mentalidad de Nadal, ni la ambición de Djokovic, pero por su actitud se ha ganado el respeto de los tres y es un ejemplo para cualquier deportista. Ahora, a los 37 años (Xàbia, 1982), se retirará feliz de esa decisión, orgulloso de un trabajo bien hecho y merecedor de la admiración de cualquier aficionado.

Si a Ferrer le queda un sueño pendiente por cumplir, ese no es otro que levantar el trofeo Godó, un torneo donde creció su pasión por el tenis desde que iba a verlo con ocho años. En cuatro finales en Barcelona se lo ha impedido 'Goliath' Nadal. Conquistarlo el año de su retirada parece ahora una misión imposible, aunque daríamos cualquier cosa por verle levantar esa copa. Lo consiga o no, su adiós deja un vacío difícil de ocupar.