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El complejo tablero catalán

"Investid a Puigdemont"

LEONARD BEARD

"Investid a Puigdemont"

Andreu Pujol Mas

Más de un año después de las tensiones que acabaron en una crisis del Govern, las zancadillas entre los socios de gobierno no desaparecen

Los gobiernos de coalición casi nunca están exentos de las miradas de reojo entre socios y normalmente este tipo de maniobras se acentúan a medida que las elecciones se vislumbran en el horizonte. Durante la legislatura anterior, por lo que concierne al gobierno de la Generalitat de Catalunya, hubo graves tensiones que culminaron en la destitución, durante el mes de julio del 2017, de varios consejeros poco entusiasmados con la celebración del referéndum del primero de octubre. A pesar de haber concurrido a las elecciones bajo el paraguas de una coalición, se evidenciaban las diferencias entre los partidos que la conformaban puesto que todos los expulsados respondían a las mismas siglas posconvergentes.

Debates estériles sobre gestos simbólicos

Entonces la legislatura tenía una meta definida -el referéndum-, a la cual se llegó con esas dificultades añadidas que comentábamos. La mala gestión del mes de octubre y los estropicios de la represión posterior parece que deberían de obligar a una reflexión serena para volver a trazar caminos que puedan entusiasmar a una mayoría de la sociedad catalana comprometida con el derecho a la autodeterminación, pero la calma y la buena voluntad necesarias para hacerlo han estado ausentes desde un buen principio. El griterío acerca la hipotética investidura de Carles Puigdemont ensordeció cualquier debate sincero y razonable, intentando cargar a Roger Torrent las culpas de unas arbitrariedades que él no dispuso y de una promesa electoral que él no realizó.

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Un año después, las zancadillas entre socios de gobierno no desaparecen. Nada casualmente, sin que ningún cambio en la situación política o judicial lo justifique, durante las pasadas fiestas de Navidad resucitó el debate público sobre la investidura de Puigdemont. Primero, un post en Instagram del presidente en el exilio diciendo que volverá a Catalunya si se le inviste (un requisito previo que no existía en tiempos electorales). Después, los tuitstars más afines a su partido fueron replicando el tema en las redes sociales. Seguidamente, una campaña para generar artificialmente un trending topic sobre esta materia. Finalmente, un par de preguntas sobre el asunto en rueda de prensa y un programa televisivo para hacer tertulia. Y así es como -¡alehop!- se genera de la nada un debate estéril sobre un gesto simbólico sin ninguna voluntad de llenarlo de contenido.

Como magistralmente lo resumió en Twitter Joan Coma, concejal de la CUP de Vic, «conforme se acerquen las municipales, más se querrá investir a Puigdemont. Es esta cultura antirrepresiva tan lamentable que hace de la represión un producto electoral, un arma para competir entre partidos y acumular poder. No se va a investir y el PDECat nos dirá de quién es la culpa».

La proximidad de las elecciones municipales y europeas nos permite presagiar que el ambiente se enrarecerá durante los próximos meses y se agravará con la publicación de cada encuesta. Deberemos aprender a relativizar cada crisis insalvable y a entrecomillar cada enfrentamiento irreconciliable.