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Dos miradas

Huelga feminista el 8 de marzo del 2018 en Barcelona.

FERRAN SENDRA

Una mejor mujer

Josep Maria Fonalleras

Ser feminista no es sobresalir como mujer, sino pensar que vivimos en un planeta donde las mujeres están sometidas al poder masculino

La estrategia es clara y contundente. Sin fisuras, con una coordinación que parece estudiada y programada: primero, con anécdotas, con comentarios al margen, con breves intervenciones; después, con aseveraciones más endurecidas y con pactos de futuro. La idea subyacente es que las mujeres gozan de privilegios por el hecho de ser mujeres. Que la discriminación positiva (si es que tenemos que llamarla así, cuando deberíamos hablar solo de justicia) olvida que también hay hombres que sufren violencia. La argumentación es tan débil que, hasta ahora, solo se podía utilizar en la barra de un bar, como un chiste malo, vomitivo. La novedad es que empieza a imponerse en el imaginario político, y justamente lo hace porque es así de débil y mezquina. No pueden ir contra la violencia en general, porque eso sería entrar en la selva, pero sí que defienden que los leones no se comen a las gacelas sino que todo es más complicado, y que la ley que rige la selva es como es y no hay que reformularla en beneficio de las mujeres.

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Lo dice, por ejemplo, Isabel Díaz Ayuso, del núcleo duro de Pablo Casado: "Para ser mejor mujer no tengo que ser feminista". Por supuesto. Que no sufra. Pero para ser un mejor ser humano, sí. Ser feminista no es sobresalir como mujer, sino pensar que vivimos en un planeta donde las mujeres están sometidas al poder masculino. Y pensar que solo con rigor y conciencia colectiva se puede luchar contra el desprecio y la humillación.